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lunes, 25 de junio de 2012

Crudo invierno:
el mundo de un solo color
y el sonido del viento.

(Fuyu gare-ya
yo wa hito iro ni
kaze no oto)

Matsuo Basho

Conócete a ti mismo

Preparar el terreno para desarrollar una visión penetrante
Al inicio de la práctica, sé entusiasta como un ciervo atrapado en una jaula de la que desea escapar.
A medio camino sé como un agricultor durante una cosecha que no puede esperar.
Al final sé como el pastor que ha traído el rebaño de vuelta a casa.
—Paltrul Rinpoche, Palabras sagradas
¿Qué es lo que provoca tantos problemas en el mundo? Nuestras propias emociones contraproducentes. Una vez generadas, nos perjudican no solo a un nivel superficial sino también en profundidad. Las emociones dañinas no producen más que problemas de principio a fin. Si intentáramos contrarrestar cada una de ellas individualmente, nos veríamos inmersos en una lucha interminable. Así pues, ¿cuál es la causa fundamental de las emociones dañinas y cómo podemos abordarla más provechosamente?
En las muchas escrituras de Buda encontramos descripciones de prácticas destinadas a contrarrestar el deseo, como por ejemplo meditar sobre lo que yace bajo la piel: carne, huesos, órganos, sangre, desechos sólidos y orina. Tales reflexiones sofocan temporalmente el deseo, pero no hacen lo mismo con el odio. Y lo mismo sucede a la inversa: las prácticas destinadas a debilitar el odio, como cultivar el amor, no curan el deseo. Estas prácticas, como las medicinas empleadas para contrarrestar una enfermedad específica, no tratan otras enfermedades. Sin embargo, dado que todas las emociones contraproducentes se basan en el desconocimiento de la verdadera naturaleza de las cosas, las prácticas que enseñan cómo superar esa ignorancia permiten debilitar todas las emociones nocivas. El antídoto contra la ignorancia es eficaz para todos los problemas. He ahí el extraordinario poder de la visión penetrante.
Para desarrollar una visión penetrante de la verdadera naturaleza de todo lo que existe —nosotros, los demás y las cosas—, es preciso estudiar primero detenidamente las enseñanzas espirituales y pensar en ellas una y otra vez. Esto es fundamental, ya que es imposible generar un estado que nos permita penetrar en la realidad si no corregimos antes nuestras ideas erróneas sobre la existencia.
Reconocer la ignorancia
Para poder desarrollar una visión penetrante primero hay que reconocer la ignorancia. La ignorancia, en este contexto, no es solo la falta de conocimiento, sino la percepción equivocada de la naturaleza de las cosas. Dicha percepción da por hecho, erróneamente, que las personas y las cosas existen en sí mismas y por sí mismas, por su propia naturaleza. No es un concepto fácil de asimilar, pero es sumamente importante reconocer lo erróneo de esta percepción, pues es la fuente de emociones destructivas como el deseo y el odio. En el budismo se suele hablar de la vacuidad, pero es imposible comprender esta sin ver primero que la existencia intrínseca que atribuimos a las cosas es errónea. Es preciso reconocer —al menos de forma aproximada— qué es lo que atribuimos equivocadamente a los fenómenos, antes de poder comprender la vacuidad que hay en su lugar. Ese es el principal tema de este libro: comprender cómo existimos realmente, cómo somos realmente sin el revestimiento de la falsa imaginación.
Las muchas enseñanzas de Buda tienen como objetivo la liberación de la existencia cíclica —con su incesante paso de una vida a otra— y la consecución de la omnisciencia. La ignorancia es la causa de cuanto se interpone en el camino hacia esos logros. La ignorancia nos ata al sufrimiento, de modo que es preciso reconocerla claramente. Para ello debemos considerar cómo aparece en la mente esta falsa cualidad de existencia intrínseca, cómo la mente la acepta y cómo basa tantas de sus ideas en este error fundamental.
La ignorancia no es solo diferente del conocimiento, sino lo opuesto al conocimiento. Los científicos dicen que cuanto más de cerca examinamos las cosas, más probabilidades hay de que encontremos un espacio vacío. Al depender de las apariencias, la ignorancia atribuye a las personas y las cosas una concreción que, en realidad, no tienen. La ignorancia quiere hacernos creer que estos fenómenos existen por sí mismos, y guiados por ella nos parece que lo que vemos a nuestro alrededor existe de manera independiente, sin depender de otros factores, pero no es así. Al dar a las personas y las cosas que nos rodean esa posición exagerada, nos vemos arrastrados hacia toda clase de emociones desaforadas y, a la larga, dañinas.
Reconocer esta falsa apariencia de las cosas y reconocer nuestra tácita aceptación de esta ilusión es el primer paso para comprender que nosotros y el resto de los seres, así como los objetos, no existimos como parece, no existimos de forma tan concreta y autónoma. El proceso de llegar a evaluar con exactitud lo que somos realmente requiere que nos percatemos de la discrepancia entre cómo aparecemos en nuestra mente y cómo existimos en realidad. Y lo mismo en el caso de las demás personas y los demás fenómenos del mundo.
REFLEXIÓN MEDITATIVA
Considera lo siguiente:
Todas las emociones contraproducentes se basan en la ignorancia de la verdadera naturaleza de las personas y las cosas.
Hay formas concretas de inhibir temporalmente el deseo y el odio, pero si debilitamos la ignorancia que percibe de forma errónea nuestra naturaleza, la de los demás y la de todas las cosas, todas las emociones destructivas se debilitarán.
La ignorancia considera que los fenómenos —que en realidad no existen en sí mismos ni por sí mismos— existen independientemente del pensamiento.
Descubrir la fuente de los problemas
Atraída por la luz y el calor, la palomilla vuela hacia la llama. Sorprendido por el sonido de una guitarra, el ciervo no repara en el cazador. Seducido por el olor de una flor, el bicho queda atrapado en su interior. Apegado al sabor, el pez se precipita hacia el anzuelo. Impulsado al fango, el elefante no puede escapar.
—Paltrul Rinpoché, Palabras sagradas
Nuestros sentidos contribuyen a aumentar nuestra ignorancia. Para la vista, el oído, el olfato, el gusto y el tacto los objetos parecen existir por sí mismos. Al recibir esta información distorsionada, la mente aprueba esta categoría exagerada de las cosas. Los budistas llaman «ignorante» a esta mente por aceptar esa falsa apariencia en lugar de rechazarla. La mente ignorante no se pregunta si las apariencias son correctas o no; sencillamente acepta que las cosas son como parecen.
A renglón seguido, aceptamos la realidad aparente de la naturaleza concreta de los objetos pensando: «Si esto no es real, ¿qué lo es?». De ese modo, nuestra percepción errónea e ignorante se afianza. Por ejemplo, cuando tropezamos por primera vez con algo o alguien agradable, reparamos brevemente en el objeto, limitándonos a reconocer su presencia. La mente, en esta fase, es bastante neutral. No obstante, cuando las circunstancias nos instan a prestar mayor atención al objeto, parece que su atractivo sea parte integral del objeto. Cuando la mente acepta el objeto de ese modo —pensando que existe tal como aparece— puede surgir el deseo por el objeto y el odio por aquello que obstaculiza su obtención. Cuando nuestro propio ser está implicado, reforzamos esa conexión: ahora es «mi cuerpo», «mis cosas», «mis amigos» o «mi coche». Exageramos el atractivo del objeto, minimizando sus defectos y desventajas, y nos apegamos a él como fuente de placer, de manera que nos vemos arrastrados hacia el deseo como si nos tiraran de una anilla en la nariz. También puede darse el caso de que exageremos la fealdad del objeto, convirtiendo algo sin importancia en un gran defecto y pasando por alto los aspectos positivos, de manera que ahora vemos el objeto como algo que obstaculiza nuestro placer, lo cual nos arrastra hacia el odio, de nuevo como si tiraran de nosotros por una anilla en la nariz. Incluso cuando el objeto no parece ni agradable ni desagradable sino algo intermedio, la ignorancia sigue prevaleciendo, si bien en este caso no genera deseo ni odio. Como dice el yogui y erudito Nagarjuna en sus Sesenta razonamientos:
¿Cómo no van a surgir grandes emociones perniciosas en aquellos cuya mente se fundamenta en la existencia intrínseca? Hasta cuando el objeto es corriente, la serpiente de las emociones destructivas les oprime la mente.
Las concepciones burdas del «yo» y lo «mío» provocan emociones destructivas aún más burdas, como la arrogancia y la agresividad, lo que genera problemas al que las experimenta, a su comunidad e incluso a su nación. Es preciso reconocer esas ideas erróneas observando la propia mente. Como el pensador y yogui indio Dharmakirti dice en su exposición del pensamiento budista:
En aquel que exagera el ser hay siempre adhesión al «yo». Debido a esa adhesión hay apego al placer. Debido al apego se ocultan las desventajas y se ven las ventajas, lo que refuerza el apego y hace ver los objetos «míos» como medios de obtener placer. Por tanto, mientras tengas adhesión al «yo», girarás en la existencia cíclica.
Es crucial reconocer los diferentes procesos del pensamiento. Algunos pensamientos simplemente nos hacen conscientes de un objeto, como ocurre cuando vemos un reloj como un sencillo reloj, sin emociones nocivas como el deseo. Otros pensamientos determinan correctamente que un objeto es bueno o malo pero no generan emociones nocivas; esos pensamientos únicamente reconocen lo bueno como bueno y lo malo como malo. No obstante, cuando se asienta la idea de que los objetos existen por sí mismos, la ignorancia fundamental ha hecho acto de presencia. Cuando la suposición errónea de la existencia intrínseca gana fuerza, surge el deseo o el odio.
El momento crucial en que pasamos de ser meramente conscientes a la percepción errónea se produce cuando la ignorancia exagera la cualidad positiva o negativa del objeto, de modo que acabamos viéndolo intrínsecamente bueno o malo, intrínsecamente atractivo o desagradable, intrínsecamente bonito o feo. Cuando, llevados por la ignorancia, aceptamos esta falsa apariencia como un hecho, abrimos el camino al deseo, el odio y muchas otras emociones contraproducentes. Estas emociones destructivas conducen, a su vez, a acciones basadas en el deseo y el odio, las cuales establecen en la mente las predisposiciones kármicas que dirigen el proceso de la existencia cíclica de una vida a otra.
El origen de la existencia cíclica
Acabo de describir el proceso de cómo nuestra propia ignorancia nos destruye y cómo, vida tras vida, permanecemos sujetos a esa rueda de sufrimiento que llamamos «existencia cíclica»; algunos niveles mentales que normalmente consideramos correctos son, en realidad, exageraciones de la posición de las personas y las cosas, lo cual nos genera problemas a nosotros y a los demás. La ignorancia nos impide ver la realidad, el hecho de que la gente y demás fenómenos están sujetos a las leyes de causa y efecto, pero no tienen un ser esencial que exista de forma independiente.
Es preciso reconocer este proceso lo más claramente posible, comprender cada vez mejor la secuencia que comienza con la observación desapasionada y culmina con emociones y acciones contraproducentes. Sin ignorancia, las emociones contraproducentes son imposibles, no pueden producirse. La ignorancia es su respaldo. Por eso Aryadeva, erudito, yogui y discípulo indio de Nagarjuna dice:
Igual que la capacidad de sentir está presente en todo el cuerpo, la ignorancia mora en todas las emociones dañinas. Por tanto, todas las emociones dañinas se superan superando la ignorancia.
REFLEXIÓN MEDITATIVA
Considera lo siguiente:
1. ¿El atractivo de un objeto parece inherente a él?
2. ¿El atractivo de un objeto oculta sus defectos y desventajas?
3. ¿La exageración del atractivo de ciertos objetos conduce al deseo?
4. ¿La exageración de la fealdad de ciertos objetos conduce al odio?
5. Observa cómo:
• Primero percibes un objeto.
• Luego observas que el objeto es bueno o malo.
• Luego concluyes que el objeto existe de forma independiente.
• Luego concluyes que ese atributo bueno o malo es inherente al objeto.
• Luego generas deseo u odio conforme a tus juicios previos.
Tomado de Conócete a ti mismo tal como realmente eres, Dalai Lama, Grijalbo
Traducido por Matuca Fernández de Villavicencio

Transformar los problemas en oportunidades

Carl Jung escribió: “El mundo entero desea la paz, mientras se prepara para la guerra. La humanidad es impotente ante la propia humanidad, y los dioses, como siempre, nos enseñan el camino de la fatalidad”.
Ésta es una síntesis de nuestros dilemas contemporáneos. Nuestra sociedad actual se encuentra acechada por una gran variedad de problemas –sociales, psicológicos, ecológicos y económicos– como, a su vez, por la constante amenaza del armaguedón ambiental, la cual siempre proyecta su sombra sobre nosotros. Nuestro planeta, literalmente, se ha convertido en una especie de bomba de tiempo, atan sólo unos minutos de su detonación final. Esto es real, estamos destruyendo el planeta. Al correr el último segundo en el reloj, parecemos dominados por oscuras fuerzas que no entendemos, y sobre las cuales no tenemos control. En ocasiones, proyectamos el mal hacia fuera, y hacemos a otros pueblos o personas responsables de nuestras dificultades. De vez en vez, políticos y científicos proclaman el hallazgo de soluciones. Desgraciadamente, éstas suelen ser, por lo general, parciales y temporales. Tocan la superficie y atienden a los síntomas de nuestros problemas, mas son incapaces de aliviarlos de raíz. De ser honestos, estas causas radican en el corazón individual humano, en nuestros corazones, en donde radica un primitivo y fanático egoísmo. Es nuestra avaricia personal, nuestro odio y confusión colectivizada y amplificada a escala masiva, la causa de los graves problemas de nuestro mundo. No obstante, tan sólo ver esto no es suficiente. Las oscuras fuerzas que residen en nuestro interior deben ser descubiertas, evidenciadas y purificadas. Así, a través de la conciencia y el entendimiento, podrán ser transformadas en la materia de la sabiduría y la compasión. El budismo nos ofrece un medio y forma para hacer esto. La tradición budista representa, fundamentalmente, una búsqueda del despertar. Su propósito es eliminar el sufrimiento y las causas que lo propician. No tiene como meta la mera persecución del placer temporal, sensorialmente condicionado, sino la consecución de un tipo de florecimiento que subyace y satura todos nuestros estados emocionales y que abraza las múltiples vicisitudes de la vida. Un estilo de relación con la existencia que emana de la concordancia con la realidad. Para actualizar esta meta, es indispensable entender la naturaleza última de la mente, el mundo de los fenómenos y el potencial de perfección que subyace adormecido en todos los seres

martes, 19 de junio de 2012

Arte y Meditación



¿Está el arte de alguna manera relacionada con la meditación?
de Leonardo Skorodynski.
El arte puede ser dividido en dos partes. Noventa y nueve por ciento del arte es arte subjetivo. Sólo el uno por ciento es arte objetivo. El noventa y nueve por ciento del arte subjetivo no tiene relación alguna con la meditación. Sólo el uno por ciento es arte objetivo basado en la meditación.
El arte subjetivo significa que estás vertiendo tu subjetividad en la tela, tus sueños,tus imaginaciones, tus fantasías. Es una proyección de tu sicología. Lo mismo sucede con la poesía, la música, en todas las dimensiones de la creatividad pero no estás involucrado con la persona que va a ver tu pintura, no te involucras con lo que le va a pasar al ver tu pintura, eso no te concierne para nada. Tu arte es simplemente un especie de vomitar. Te ayudará, tal como te ayuda cuando vomitas. Te quita la náusea, te limpia, te hace sentir más sano. Pero no has considerado lo que va a suceder a la persona que va a ver tu vómito. Le darán náuseas. Puede comenzar a sentirse enfermo.
Mira a los cuadros de Picasso. Aquel es un gran pintor, pero es un artista subjetivo. Viendo sus cuadros, empezarás a sentirte enfermo, mareado, algo se desajusta en tu mente. No puedes seguir mirando los cuadros de Picasso por mucho tiempo. Te gustaría arrancar, porque la pintura no ha surgido de un ser silencioso. Ha surgido desde un caos. Es el producto de una pesadilla. Pero el noventa y nueve por ciento del arte pertenece a esa categoría.
El arte objetivo es justamente lo opuesto. El hombre no tiene nada que eliminar, él esta completamente vacío, absolutamente limpio. Desde éste silencio, desde éste vacío, surge el amor, la compasión. Y de éste silencio surge la posibilidad de la creatividad. Éste silencio, éste amor, ésta compasión, estas son las cualidades de la meditación.
La meditación te trae a tu centro mismo. Y tu centro no es tan sólo tu centro, es el centro de la existencia misma. Sólo en la periferia somos diferentes. Al comenzar a movernos hacia el centro, somos uno. Nosotros somos parte de la eternidad, de una tremenda experiencia luminosa de éxtasis, que está más alla de las palabras. Algo que tu puedes ser… pero muy difícil de expresar. Pero surje un gran deseo en tí de compartirlo, porque toda la gente a tu alrededor está en búsqueda de exactamente una experiencia tal. Y tu lo lograste, conoces el sendero.
Y toda ésta gente está buscando por todas partes menos en sí mismos – ¡Donde está! Tu quisieras gritarles en el oido. Quisieras remecerlos y decirles, ¡Abran sus ojos! ¿Adonde van?. Donde sea que vayan, se alejan de sí mismo. Vuelvan a casa, y entren en sí mismos tan profundamente como les sea posible!”
Este deseo de compartir se convierte en creatividad. Alguien puede bailar. Han habido místicos, por ejemplo, Jalaluddin Rumi, que cuya enseñanza no era con palabras, su enseñanza era a través de la danza. Él danza. Sus discípulos se sientan alrededor, y él les dice: Quien quiera danzar conmigo, que lo haga. Es un asunto de sentirlo. Si no lo sientes, es tu asunto. Puedes simplemente sentarte y mirar.”
Pero cuando ves a un hombre como Jalaluddin Rumi danzando, algo dormido en tí se activa. A pesar tuyo encuentras que estás bailando. Ya estás bailando antes de darte cuenta que lo estás haciendo.
Aún ésta experiencia es de enorme valor, el que hayas sido atraído por una fuerza magnética. No ha sido una decisión de tu mente, no has sopesado los pro y los contra, de participar o no participar, no. Sólo la belleza de la danza de Rumi, su energía esparciéndose, se ha posesionado de tí. Tu eres tocado. Esta danza es arte objetivo.
Y si puedes continuar, poco a poco te sentirás menos y menos avergonzado, más y más capaz, pronto olvidarás a todo el mundo. Llega un momento en que el danzarín desaparece y sólo queda la danza.
Hay estatuas en la India, frente a las cuales sólo tienes que sentarte en silencio a meditar. Sólo mira las estatuas. Han sido creadas por meditantes de tal manera, de tal proporcón, que con sólo mirarlas, la figura, la proporción, la belleza… Todo está perfectamente calculado para crear un estado similar dentro tuyo. Y con sólo estar sentado en silencio frente a un estatua de Buddha o Mahavira, alcanzarás una extraña sensacion, la cual no sucederá al sentarte frente a una escultura occidental.
Toda escultura occidental es sexual. Mira la escultura Romana: hermosa, pero algo crea sexualidad en tí. Golpéa tu centro sexual. No te eleva. En oriente la situación es totalmente diferente. Las estatuas se esculpen, pero antes que un escultor comience a esculpir, él aprende meditación. Antes de comenzar a tocar la flauta, él aprende meditación. Antes de comenzar a escribir poesía, él aprende meditación. La meditación es absolutamente imprescindible para el arte, así será arte objetivo.
Entonces, sólo leyendo unas líneas de un haiku, una forma de poesía corta Japonesa, sólo tres líneas, quizás tres palabras, y si lo lees en silencio, te sorprenderás. Es mucho más explosivo que la dinamita. Simplemente abre las puertas de tu ser.
El haiku de Basho está al lado de una fuente en mi jardín. Yo lo amo tanto, yo quería que estuviese ahí. Así cada vez, yendo y viniendo, Basho es una de las personas que yo he amado. Nada mucho en él: Una antigua noria. No es un poema común. Es muy pictórico. Sólo visualízalo: Una antigua noria. Un sapo salta en él…. ¡Casi ves la noria antigua! Casi escuchas al sapo, al sonido de su salto: Plop.
Y luego todo es silencio. La noria antigua está ahí, el sapo saltó en él, el sonido de su salto ha creado más silencio que antes. No es como ninguna otra poesía, que sigues leyendo una poesía, y otra… No, tu simplemente lo lees y te sientas en silencio. Visualízalo. Cierra tus ojos. Vé la antigua noria. Vé al sapo. Véelo saltar. Vé las ondas en el agua. Escucha el sonido. Y escucha el silencio que sucede.
Éste es arte objetivo.
Basho debe haberlo escrito en un estado muy meditativo, sentado a un lado de la noria, mirando al sapo. Y el sapo salta. Y de repente Basho se da cuenta del milagro: el sonido está profundizando el silencio. El silencio es mayor que antes. Éste es el arte objetivo.
A menos que seas un creador, nunca encontrarás verdadero goce. Es sólo creando que te vuelves parte de la gran creatividad del universo. Pero para ser creador, la meditación es una necesidad básica. Sin él tu puedes pintar, pero esas pinturas deben ser quemadas, no deben mostrase a los demás. Está bien, te ayudó a descargarte, pero por favor, no cargues a nadie más. No lo presentes a tus amigos, ellos no son tus enemigos.
El arte objetivo es arte meditativo, el arte subjetivo es arte de la mente.

lunes, 18 de junio de 2012

Cuatro nobles verdades

Las ideas reflejadas en las cuatro nobles verdades son parte del budismo. Fueron enunciadas por Siddharta Gautama.
Según el budismo las cuatro nobles verdades son:
  1. Toda existencia es sufrimiento (duḥkha).
  2. El origen del sufrimiento es el anhelo (o deseo, sed, "tanhā")
  3. El sufrimiento puede extinguirse, extinguiendo su causa.
  4. Para extinguir la causa del sufrimiento, debemos seguir el Noble camino óctuple.
El Buda alcanzó el nirvana bajo el árbol Bodhi, hace aproximadamente 2500 años. Después de su iluminación fue a encontrar sus antiguos discípulos, los cinco ascetas, en el norte de India. La primera enseñanza del Buda Sakyamuni después de abandonar el samsara fueron las cuatro nobles verdades. Sakyamuni lo expone así en el Dhammacakkappavattana Sutta (SN LVI.11):
"Esta, monjes, es la noble verdad de duḥkha: el nacimiento es dukkha, la vejez es dukkha; la tristeza, el lamento, el dolor, la pena y el desespero son dukkha; la asociación con lo que no se ama es dukkha; la separación de lo que se ama es dukkha; no conseguir lo que se quiere es dukkha. En breve, los cinco agregados del aferramiento son dukkha.
Y esta, monjes, es la noble verdad del origen de dukkha: el aferramiento que provoca el consiguiente devenir y que es acompañado por la pasión y el deleite, probándolo ahora aquí y ahora allí. El aferramiento al placer de los sentidos, el aferramiento a que algo aparezca, el aferramiento a que algo no aparezca.
Y esta, monjes, es la noble verdad del cese de dukkha: la restante disminución y cese del aferramiento, la renuncia, el abandono, la liberación, el dejar ir ese mismo aferramiento.
Y esta, monjes, es la noble verdad del camino de práctica que conduce al cese de dukkha: precisamente este Noble Camino Óctuple: el correcto punto de vista, la correcta resolución, el habla correcta, la acción correcta, el modo de vida correcto, el esfuerzo correcto, la atención correcta, la concentración correcta."
A semejanza de la medicina de la época, Buda actúa como un médico pero para la enfermedad del espíritu, donde su enseñanza es aplicada como una medicina. Así, lo que el Buda nos viene a presentar es de hecho algo muy similar a un procedimiento médico donde tenemos:
  1. La observación del síntoma o signo de la enfermedad.
  2. El diagnóstico de la enfermedad.
  3. El pronóstico de las posibilidades de recuperación.
  4. La prescripción de una receta.
Las cuatro nobles verdades

El "síntoma": La insatisfacción

(en pāḷi: Dukkha Ariya Sacca)
Toda existencia es insatisfactoria "Esta es, oh monjes, la noble verdad sobre el sufrimiento. El nacimiento es sufrimiento, la vejez es sufrimiento, la enfermedad es sufrimiento, la muerte es sufrimiento, convivir con lo indeseable es sufrimiento, separarse de lo deseable es sufrimiento, no obtener lo que se desea es sufrimiento. Todo conlleva sufrimiento, la existencia y sus partes son sufrimiento."
Todo es sufrimiento, nada es felicidad completa, el sufrimiento está siempre presente. La muerte de uno mismo y de los seres queridos es sufrimiento, así como la enfermedad de nuestros seres amados y la propia es sufrimiento, incluso la convivencia con seres amados conlleva sufrimiento. Dukkha (sufrimiento en lengua pali) se refiere a un sentido más amplio de sufrimiento: dolor, tristeza, pena, imperfección, aflicción, impermanencia, insustancialidad...)

 El "diagnóstico": La causa del descontento

(en pāḷi): Dukkha Samudaya Ariya Sacca):

El sufrimiento proviene del anhelo-aferramiento y la ignorancia "Esta es, oh monjes, la noble verdad sobre el origen del sufrimiento. La ignorancia, el deseo-apego y los cinco venenos son los que producen nuevos renacimientos, los que inclinan al placer y buscan la satisfacción aquí y allá, desanimándonos al no conseguir lo que queríamos. Es el deseo por la existencia, el deseo por la no existencia."
El sufrimiento surge del deseo o como consecuencia lógica de acciones pasadas "torpes" de elección propia. El motivo para realizar estas acciones, o sea, el origen y porqué del sufrimiento, son las pasiones humanas, expresadas en el budismo con una variedad de fórmulas, como por ejemplo los tres venenos o fuegos: ignorancia, aversión/odio, anhelo/aferramiento. Todo surge de no saber que todas esas acciones llevan al sufrimiento y no conocer la impermanencia e interdependencia de las cosas.

 La posible cesación del sufrimiento

La prognosis (en pāḷi: Dukkha Nirodha Ariya Sacca):

El sufrimiento puede ser vencido "Esta es, oh monjes, la noble verdad sobre la supresión del sufrimiento. Esta cesación es posible eliminando nuestro deseo, librándose del deseo-apego, abandonarlo para siempre, no dándole acogida en nosotros."
Para terminar con nuestro sufrimiento hay que embarcarse en un estudio para hallar sus causas y comprobarlas por uno mismo, y después, eliminarlas. Hay que suprimir los cinco venenos y realizar acciones virtuosas, creando karma bueno. Esta noble verdad, en más profundidad, es el vacío, la sabiduría de la vacuidad, la realidad última, el corazón del Dharma.

 El camino que lleva al cese del sufrimiento: El óctuple sendero

La prescripción (en pāḷi: Dukkha Nirodha Gamini Patipada Ariya Sacca):
Óctuple Noble Sendero "Esta es, oh monjes, la noble verdad sobre el camino que conduce a la supresión del sufrimiento, hacia la iluminación, el nirvana, El camino de las ocho ramas, el sendero óctuple por ejemplo:
  1. Comprensión correcta
  2. Pensamiento correcto
  3. Palabra correcta
  4. Acción correcta
  5. Ocupación correcta
  6. Esfuerzo correcto 
  7. Atención correcta
  8. Concentración correcta
Las cuatro nobles verdades contienen casi todas las enseñanzas del Buda y el budismo. Es por donde debería empezar cualquier principiante o interesado en el budismo y la meditación budista.

 Las cuatro nobles verdades y duḥkha

Tras su despertar, Buda Gautama conoció que la verdad de su experiencia era muy difícil de transmitir a los demás, y durante unas semanas estuvo en tranquila seclusión. Según las escrituras budistas, finalmente pudo ver que existían personas que podrían también alcanzar el Nirvāņa, entonces empezó su actividad como guía para otros.
El primer discurso (Sutta) que dio fue a sus antiguos compañeros de meditación, en lo que se conoce como "La puesta en marcha de la rueda del Dharma" (Dhammacakkappavattana). En este primer discurso, Buda Gautama establece las bases para la comprensión de la realidad del sufrimiento y su cese.
Estas bases se conocen como "Las Cuatro Nobles Verdades", las cuales constatan la existencia de lo que en el budismo se llama Duḥkha; una angustia de naturaleza existencial.
La vida es imperfecta, la insatisfacción y el sufrimiento existen y son universales. Este es el punto de partida de la práctica budista, representa el sine qua non del budismo. Esta verdad contiene las enseñanzas sobre las Tres Marcas de la Existencia.
  • La causa de duḥkha es tŗşņā (en sánscrito: el deseo, el querer, el anhelo, la sed).
El origen, la causa raíz, de duḥkha es el anhelo, el ansia o la sed (tŗşņā) de cualquier situación o condición placentera. Creemos que algún acto, logro, objeto, persona o entorno propicio nos llevarán a la satisfacción permanente del “yo”, cuando el "yo" en sí no es más que una fabricación impermanente de la mente. Y de ahí que el origen del anhelo sea la ilusión o la ignorancia (avidyā) en la vida samsárica.
Los seres samsáricos no comprenden la manera y forma en la que realmente funciona el karma. Por ejemplo cuando se responsabilizan a factores externos por el malestar en la vida, en vez de a acciones y actitudes personales. Otras veces, por estar lamentándonos y culpándonos por nuestras acciones poco hábiles o torpes pasadas, nos causamos aún más duḥkha en el presente. El sentimiento de culpa causa sufrimiento, cuando lo que deberíamos hacer es cortar la raíz de esa culpa en nuestra conciencia ética para entonces cortar la raíz de los sentimientos negativos como la culpa. Esta verdad contiene la explicación del Surgimiento Condicionado.
  • Existe un cese de duḥkha.
Según el budismo, a través del aprendizaje de la observación de los procesos considerados como ignorantes y alimentados por Los Tres Fuegos, se empieza a crear una base para lograr un cese de los mismos. La forma de escapar de la insatisfactoriedad de la vida es la de enfrentarnos de manera directa a esta condición insatisfactoria. Al enfrentarnos a la realidad, la entendemos como realmente es, sabemos las causas del sufrimiento y como no hacer que surjan. Esta verdad contiene la enseñanza sobre nuestra capacidad de llegar al Nirvana.
El método y la disciplina para eliminar la ignorancia, el anhelo y finalmente dukkha son el camino de la sabiduría, la ética y la meditación, expuesto de manera detallada en el Noble Camino.