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viernes, 15 de junio de 2012

Oscuridad Fundamental

Existe algo en todas las personas que nos hace querer usar la vida o las vidas de los
demás para alcanzar nuestros propósitos. Cuando nos sentimos así, no podemos valorar
a las otras personas tal como son, sino solo en cuanto a que encajan en nuestros
esquemas. Esta aptitud para valorar la vida en sí misma, toda la vida, ya sea que nos
concierna o no, o que nos sea útil para algo; es a lo que se refiere el término
Oscuridad Fundamental.

Podemos pensar que estamos dominados por la oscuridad fundamental si nos queremos a
nosotros mismos y odiamos o somos indiferentes ante los demás.
Pero la cosa va más allá. Cuando no queremos al mundo, tampoco podemos querernos a
nosotros mismos. Cuando no somos capaces de respetarnos, no podemos respetar al resto
del mundo. Esta ilusa percepción de nosotros y los demás es la oscuridad fundamental.
Es la ignorancia de la verdadera naturaleza de la vida. Sumergidos en este engaño, no
podemos manifestar nuestra naturaleza de Buda.

Nuestra ignorancia proviene de la creencia errada de que nuestras vidas son
entidades separadas; que la vida es más mecánica que holística. Es de esperarse que
se perciba la vida de manera mecánica ya que, hasta hace poco, varias ramas de la
ciencia han hecho énfasis en este enfoque. Sin embargo, la oscuridad fundamental es
inherente a toda la vida a pesar de las teorías científicas.Ésta (la oscuridad
fundamental) se pone de manifiesto en el énfasis que ponemos en nuestro ego,
nuestros pensamientos de “yo”, “lo mío”, “mi beneficio”, “mi progreso”.

Como resalta el presidente Ikeda: Según el concepto budista del principio dependiente,
todas las entidades de vida existen debido a las relaciones mutuamente interdependientes,
y sin otras entidades de vida nuestra propia vida no existiría. Por lo tanto... si
uno basa sus acciones sólo en pensamientos de “yo”, “lo mío”, “mi beneficio”, “mi
progreso”, va en contra de la Ley fundamental de la vida. Tal comportamiento no solo
tiene un efecto adverso sobre las personas de nuestro medio, sino que también produce
resultados negativos para nosotros mismos.

El Budismo considera al ego desde una perspectiva muy diferente a la mayoría de las
religiones occidentales. Aquí en occidente tendemos a pensar en términos de “debo” y
“no debo”, lo cual nos lleva asentir que estamos siendo “desobedientes” si ignoramos
la autoridad que generalmente esta conferida o adjudicada a Dios. Contrario a esto,
el Budismo de Nichiren Daishonin enseña que hacer énfasis en pensamientos y acciones
egocéntricas, es alejarse cada vez más del sentido de integridad que es la verdadera
naturaleza de la vida. Sentir esta integridad, le proporciona a nuestras vidas
felicidad y un sentido de bienestar.

Debido a que vivimos en una época más materialista que nunca, que tiende a incitar un
acercamiento hambriento y codicioso hacia la vida, podremos darnos cuenta de que aún
intentando tener pensamientos que no son del tipo “yo” y “lo mío”, parecemos desafiar
las normas de la sociedad. Evidentemente, la influencia de nuestra oscuridad
fundamental colectiva está siempre presente y frecuentemente nos domina.

Salir del hechizo de “yo” y “lo mío” es difícil, pero es crucial para nuestro
bienestar. A lo largo de este siglo los físicos y poco a poco los científicos en
otros campos, han empezado a ver y a enseñar la interrelación de la vida. Tal como
escribió el físico teórico Fritjof Capra en El Tao de la Física:
Yo creo que el enfoque del mundo, sugerido por la física, no es consecuente con
nuestra sociedad actual, lo cual no refleja la interrelación armoniosa que observamos
en la naturaleza. Para lograr tal estado de equilibrio dinámico, se necesitará una
estructura económica y social radicalmente diferente: una revolución cultural en el
verdadero sentido de la palabra.

La supervivencia de toda nuestra civilización puede depender de si podemos llevar a
cabo este cambio. Desde que Capra escribió esto, muchos de nosotros, individualmente
o en grupos, hemos, por lo menos, llegado a entender algo sobre la interrelación de
la vida. Sin embargo, todavía hay mucho camino por recorrer si vamos a tener una
verdadera “revolución cultural” basada en este concepto. Esta parece ser una de
nuestras tareas más urgentes.

Un entendimiento teórico de la interrelación es apenas el comienzo. Uno podría decir
que el objetivo de nuestra práctica es vivir basados en este entendimiento. Queremos
sentir todo el tiempo la interrelación de la vida.

Estoy segura de que logramos este sentido de integridad a través de nuestra práctica
budista para uno y para los demás.

La práctica para nosotros no significa hacer énfasis en el “yo” y “lo mío” sino más
bien despertar el deseo del bienestar para otros al igual que para nosotros.
Es difícil llevar a cabo esta transformación. Aún así, debido a que es difícil, las
recompensas son inmensas. Al esforzarnos por llegar a sentir esta totalidad nos
estamos forjando a nosotros mismos. Como resultado, nuestra capacidad para
influenciar al bienestar de los demás tendrá mucho más peso que la prisa desmesurada
de la sociedad hacia la cultura del “yo” y “lo mío”. Respetar esto como la meta de
nuestra práctica y trabajar para alcanzarlo a través de ella, es la clave para
transformar nuestra oscuridad fundamental.

EL KARMA: 10 CONSIDERACIONES

Para aclarar algunos aspectos sobre el Karma a continuación se hace mención a diez consideraciones fundamentales:1. Karma: es una palabra sánscrita que significa "acción". Se refiere a los actos, palabras y pensamientos que produce una persona. Estos actos son las causas de futuros efectos.2. Es una "energía potencial" que reside en el plano más profundo de la vida, almacenada en la octava conciencia (Alaya). No se anula ni se destruye en el paso de la vida a la muerte. El karma acumulado al momento de la muerte determina las condiciones en que renace la persona en su próxima existencia.3. El concepto de karma se relaciona con la ley de causalidad (causa y efecto): todo acto, pensamiento o palabra es una causa, y esa causa genera efectos latentes. Si la causa es positiva, el efecto es positivo. O a la inversa. La ley de causa y efecto es inexorable. No depende de la voluntad de ningún ser divino que nos castigue o perdone. Es la propia energía generada por cada persona. Uno hace su karma y uno también lo transforma.4. Puede haber un lapso de tiempo entre el momento de la causa y el momento del efecto visible, pero el Budismo de Nichiren Daishonin explica que, en realidad, la causa y el efecto son simultáneos: en el mismo instante de hacer la causa, el efecto ya queda grabado. Para entender esto, sirve el ejemplo de un cheque sin fondos. En el momento en que uno firma un cheque sin fondos, ya está grabado el efecto. Puede pasar un tiempo hasta que el efecto se manifieste (que a uno le cierren la cuenta o que uno vaya preso, etc.) pero básicamente, al emitir ese cheque ya se grabó el efecto.5. ¿Para qué sirve entender la simultaneidad de causa y efecto? Para tener convicción que cuando uno entona el daimoku por un objetivo, en ese mismo momento el efecto (la prueba real) ya quedó grabado en mi vida, así que no tengo que dudar o preguntarme "por qué hago daimoku y no pasa nada". Ojo: la misma postura de duda, a su vez, es una nueva causa negativa que contrarresta la fuerza del daimoku invocado.
6. El karma no es un concepto fatalista. No significa "destino irremediable". En primer lugar, el karma puede ser positivo o negativo (e incluso este punto es relativo a como uno mismo lo tome). En segundo lugar, el karma negativo está para transformarlo, no para sufrirlo resignadamente.7. Para la persona que vive basada en la misión, el karma es un "medio hábil" para mostrar la fuerza tremenda inherente en el ser humano. Sin un karma difícil que transformar, costaría mucho hacerle entender a la gente que la práctica es poderosa. La transformación de nuestro karma nos permite llegar a la gente con pruebas reales. Para un Bodhisattva de la Tierra, el karma negativo es su mejor aliado.En "Conversaciones sobre el Sutra del Loto", leemos: "Por solidaridad y sensibilidad hacia los que sufren, los maestros de la Ley ansían nacer en un mundo lleno de impurezas. El gran maestro Miao-lo de la China llama a esto "la creación deliberada del propio karma" (ganken o go). Los maestros de la Ley son personas que, a raíz de los beneficios acumulados por su práctica budista, podrían renacer con todo derecho en un "buen lugar". Pero deliberadamente crean las condiciones "kármicas" para nacer en un mundo colmado de negatividad, con el solo propósito de difundir el Budismo.8. El karma suele verse como algo "del pasado" que "marca el presente". Pero el Budismo de Nichiren Daishonin enseña a ver el karma como algo "del presente" que "marca el futuro". La clave del karma, en la enseñanza del Daishonin, es la "victoria del momento actual". Karma es futuro. Karma es la garantía de que, si triunfo en este día de hoy, sin falta voy a ser feliz.9. La enseñanza del karma es muy importante porque marca un punto de superación del Budismo con respecto a las doctrinas no budistas. Al no exponer la ley de causa y efecto, las demás religiones no logran explicar por qué la vida se manifiesta con diferencias individuales, desde el momento del nacimiento. Si no existiera el karma, todos los seres vivientes tendrían que nacer en igualdad de condiciones internas y externas. Al no reconocer el karma, hay que postular una "voluntad divina" que justifique las diferencias en los destinos individuales.10.- Por último, hay dos clases de karma: el mutable y el inmutable. Karma mutable es el que no produce resultados fijos o predeterminados. Los efectos de esta clase de karma pueden ser variables, según las condiciones externas. Esta clase de karma suele ser vista como algo más leve y se puede transformar mediante el esfuerzo tenaz. Karma inmutable es el que produce resultados "fijos" o "inamovibles", ya sea por la forma o por el momento en que se producen. En general, el karma inmutable se toma como sinónimo del "momento de la muerte", pero hay más clases. Recordemos que el karma inmutable no sólo es negativo, sino también positivo. ¿Cómo se forma el karma inmutable? 1. Por un deseo tremendamente intenso, ya sea mundano o espiritual.
2. Por la repetición de ciertas acciones buenas o malas que, a fuerza de reiterarse, se "fijan". Esto es súper interesante porque se relaciona con la importancia de la práctica y las actividades constantes, que crearían un "karma inmutable positivo".
3. Por actos buenos o malos en relación con el Buda, la Ley o la orden budista.
4. Por actos que producen daño a los padres. En general, cuanto más grave es el karma negativo, más lejos en el tiempo se manifiestan los efectos. Las causas muy graves se manifiestan en futuras existencias, las más leves, en el término de esta misma existencia.Se creía tradicionalmente que el karma inmutable era imposible de cambiar, pero el Daishonin revela la forma de modificarlo.

jueves, 7 de junio de 2012

Goshos principales.(Budismo Nichiren): TRADUCCIÓN DEL GONGYO

Goshos principales.(Budismo Nichiren): TRADUCCIÓN DEL GONGYO: EL GONGYO Para la transcripción de la pronunciación japonesa a nuestro alfabeto existen tres sistemas de romanización, más las varia...

ICHINEN SANZEN

La mente es nuestro propio lugar, y puede por sí misma convertir en un paraíso el infierno, o en un infierno al paraíso.”

John Milton, Paradise Lost (Paraíso Perdido)


Era una tranquila mañana del Sábado cuando llegó el telegrama. Juan estaba sentado junto a la mesa de la cocina, tomando su café y leyendo el diario. Del otro lado de la mesa, Juana leía una revista. Un perezoso sol matinal penetraba calladamente a través de la ventana. La quietud fue interrumpida por el sonido del timbre en la puerta del frente. Juan retornó a la mesa con un telegrama en la mano. A medida que lo iba leyendo, Juana vio los cambios que ocurrían. Las pupilas de Juan se dilataron y sus mandíbulas se tensaron. Su rostro se tornó rojo y sus puños se apretaron. De repente, todo el cuarto parecía haberse transformado. La temperatura parecía haber aumentado, el aire parecía espeso y los rayos del sol a través de la ventana se convirtieron en una brusca intromisión. Sin ni siquiera escuchar una palabra, Juana supo que había malas noticias.

Si congelamos esta escena y la examinamos, podemos observar los misteriosos funcionamientos de la vida a medida que ésta cambia de momento a momento. Cualquier cosa que fuera lo que decía el telegrama, obviamente enojó a Juan. Pero de igual forma podrían haber sido noticias que despertaban extrema felicidad, o una miríada de emociones diferentes.

En la filosofía budista de la vida, ichinen sanzen, que afirma que un solo instante de la vida posee tres mil aspectos, explica exactamente cuáles son esas posibilidades y cómo funcionan. Ichinen significa "un pensamiento" o "una mente", que proviene de la realidad suprema o el verdadero aspecto de la vida que existe a cada momento en la vida humana y en toda fenómeno. Sanzen significa "tres mil" y se refiere a la variedad de experiencias que la vida manifiesta en relación con su ambiente.

La experiencia de Juan respecto a las noticias en el telegrama cambió no sólo su vida interna sino también su ambiente inmediato. Todas las variaciones de la experiencia de la vida son manifestaciones de la Ley única o la entidad de la vida.

El Yo

Nuestra conciencia del "yo" forma una estructura en la cual nosotros basamos nuestra visión del mundo. Las dos partes en que nosotros percibimos el universo -el yo y lo otro, o lo interno y lo externo- provienen de nuestra conciencia del yo. Asimismo esta conciencia da lugar a otras dualidades: por ejemplo, la dualidad de la mente y el cuerpo (en la cual consideramos la mente como parte de nuestro ser verdadero, mientras que el cuerpo no lo es), la dualidad de lo material y de lo espiritual, o la dualidad de la humanidad y la naturaleza. Un pensamiento dualista tal como éste ha definido la evolución de la civilización moderna, pero es también la raíz de muchas crisis presentes en ella.

El Budismo señala maneras de solucionar tales crisis demostrando la verdad de que nuestra vida no está limitada al yo solamente, sino que comprende otras personas, el mundo y aún el universo. Tal vez no encontremos en ningún lugar una explicación mejor de esta idea de que el individuo y el cosmos son inseparables que en el principio de ichinen sanzen, que sostiene que un instante de la vida posee tres mil aspectos. El sistema filosófico de ichinen sanzen fue desarrollado en la China por el destacado maestro budista del Siglo Vl, T’ien-t’ai (a quien la Corte Imperial de la China le dio formalmente el título de Gran Maestro). él basó sus ideas en el Sutra del Loto, el cual gradualmente llegó a ser, en parte por sus esfuerzos, reverenciado como las enseñanzas supremas del Buda Shakyamuni. Ichinen sanzen constituye una visión universal que explica la relación mutuamente inclusiva de todos los fenómenos y la realidad suprema de la vida.

Por supuesto, hay muchos más que tres mil fenómenos en el universo, pero el número es tomado para indicar la multiplicidad de fenómenos en la que la realidad suprema se muestra a sí misma. El número tres mil deriva de la multiplicación de los componentes principales de ichinen sanzen, los que discutiremos en detalle más adelante. Aquí, al menos, podemos señalar que esos componentes consisten en, primero, los Diez Mundos o estados de la vida. Cada uno de ellos posee en sí mismo la totalidad de los diez, constituyendo de esta manera cien mundos. Cada uno de esos mundos está dotado de los Diez Factores. Finalmente, cada uno de esos factores opera en Tres ámbitos -y así llegamos nuestro total de tres mil aspectos.

El mundo fenoménico y la realidad suprema

Así vemos que el principio de ichinen sanzen revela la influencia recíproca entre el mundo de los fenómenos y la realidad fundamental de la vida. También enseña que todos los fenómenos, sin excepción, existen dentro de cada momento de la vida de un individuo, y que por lo tanto cada uno de esos momentos contiene un potencial infinito. En "Sobre cómo lograr la Budeidad", el Daishonin escribe: "La vida, a cada momento, abarca el aspecto material y el espiritual; el sujeto y el ambiente de todos los seres animados, en todos los estados de la vida, así como el de todos los seres inanimados, desde las plantas, el cielo y la tierra, hasta la más diminuta partícula de polvo. La vida, a cada momento, es parte de todo el universo y se revela en todos los fenómenos." (MW1,3.) Lo que él quiere dar a entender es que el ichinen individual la vida del individuo a cada momento -simultáneamente es parte del universo entero y abarca dentro de sí mismo todas las leyes y los fenómenos del universo.

Lo que, por lo tanto, significa que se extiende paralelamente (en tiempo y espacio) con el universo. Esta relación entre el microcosmos de la vida humana y el macrocosmos del universo es misteriosa -y maravillosa. Si miramos el mundo físico, podemos ver fácilmente que aún las cosas más pequeñas contienen un inmenso potencial. Todo este vasto universo tiene sus orígenes en un "huevo cósmico" que los físicos creen que fue indescriptiblemente diminuto -tal vez del tamaño de una partícula subatómica. La fusión de un núcleo minúsculo puede producir la potente energía de la bomba de hidrógeno. Cientos de millones de "pizcas" de información están almacenadas en un gen tan diminuto que es imposible verlo a través del microscopio. Se cree que el cerebro humano contiene cerca de 14 millones de neuronas, cada una de las cuales extiende sus dendritas a otras miles de neuronas, formando una red de comunicaciones de una vastedad incomprensible.
Desde el punto de vista temporal, la vida a cada momento puede ser enseñada como un corte transversal de una continuidad ininterrumpida, extendiéndose desde el pasado infinito hacia el futuro infinito. Respecto a esto, podemos pensar que el ichinen de una persona es como una película televisiva. En cuestión de un segundo, treinta imágenes sucesivas aparecen a través de la pantalla de la televisión, emergiendo para conformar una película de movimientos coherentes. Pero la longitud del momento, como lo explican las escrituras budistas, es mucho más corto que la duración de una de esas imágenes. El Gran Comentario sobre el Abhidharma dice que hay "sesenta y cinco instantes en un abrir y cerrar de ojos".

Sin embargo, de hecho el concepto budista de un "momento" implica una duración inconcebiblemente breve. Nuestra vida es una acumulación de una miríada de tales minúsculos momentos que circulan sin interrupción desde el pasado a través del presente y hacia el futuro. En cierto sentido, podemos ver cada momento como el producto de todos los momentos previos.

De forma similar, la causa hecha en el momento presente ayudará a determinar la naturaleza de cada momento subsecuente. Por lo tanto, podemos decir que el pasado, el presente y el futuro están contenidos en cada momento -cada momento es la condensación de una vida entera. La cosa más importante, entonces, es nuestro estado de vida a cada momento. La condición de vida de una persona de momento a momento determina el curso general que su vida tomará.

Nosotros podemos observar hasta cierto punto las actividades físicas y mentales de nuestra vida a través de disciplinas tales como la biología, la bioquímica, la psicología y la fisiología; pero los fenómenos que conciernen a todas estas ciencias son meramente expresiones de la vida, no la vida misma. La realidad última de la vida es intangible e invisible, incontrolable por el tiempo y el espacio. Sin embargo, se manifiesta en el mundo fenoménico a cada momento.

Nuestros cuerpos físicos están compuestos por muchos millones de células, que mueren constantemente y son reemplazadas. Nuestra mente también cambia a medida que ocurren distintas emociones y pensamientos. Nosotros estamos sujetos al cambio, tanto física como mentalmente; y a medida que el tiempo pasa, continuamente repetimos el ciclo de nacer y morir. Las circunstancias constantemente cambiantes de nuestro cuerpo y nuestra mente son consideradas como las funciones inherentes de una realidad fundamental inmutable.

La vida y la muerte son, por lo tanto. expresiones naturales de la realidad eterna de la vida; esta realidad eterna es, a su vez, el fenómeno inmutable del nacimiento y la muerte. La liberación de los sufrimientos del cambio viene sólo al momento cuando despertamos a la verdad eterna manifestada en nuestro ichinen. Entonces, como dice el Daishonin, "repetimos el ciclo del nacimiento y la muerte en el eterno sendero de nuestra inherente naturaleza iluminada" (Gosho Zenshu, p.724)

Aunque los momentos de nuestra vida parecen pasar volando, podemos ver que, desde un punto de vista profundo, todos juntos, ellos abarcan la realidad fundamental. Cada momento trasciende los límites de espacio y tiempo para ser simultáneamente uno con la fuerza vital cósmica - la realidad fundamental del universo. Todas las formas de la vida se interrelacionan infinitamente en la vasta totalidad de la vida cósmica, y aún así ninguna de ellas pierde su individualidad. Nichikan Shonin, el décimo sexto sumo prelado de la Nichiren Shoshu, expresa la idea en su obra "La Triple Enseñanza Secreta”: "Desde el punto de vista del Sutra del Loto, la frase “tres mil mundos en un solo momento de vida” tiene dos significados: “incluir” e “impregnar”. El universo entero está incluido en cada momento; y cada momento penetra el universo entero. Cada momento es una partícula de polvo que posee los elementos de todas la tierras del universo, o una gota de agua cuya esencia no difiere en nada del mismo vasto océano.

La relación entre los componentes

Analicemos ahora las relaciones que existen entre los componentes principales de cada momento, o ichinen sanzen. Ellos son los Diez Mundos, su inclusión mutua, los Diez Factores y los Tres ámbitos. Al comienzo del Gosho "El Verdadero Objeto de Veneración", Nichiren Daishonin cita un pasaje de "Gran Concentración y Discernimiento" (Maka Shikan) de T'ien-t'ai: “La vida a cada momento está dotada de los diez estados. Al mismo tiempo, cada uno de los Diez Mundos está dotado de los otros diez, de modo que cada entidad de vida posee, en realidad, cien estados. Cada uno de esos mundos por su parte posee treinta aspectos, lo que significa que en cien mundos hay tres mil aspectos. Estos tres mil aspectos de la existencia están presentes en cada entidad del ichinen. Sin la vida se acaba la materia. Pero si existe el menor soplo de vida, allí están contenidos los tres mil aspectos.” (MW-I,pág. 45).

Cuando T’ien-t’ai escribe : "La vida a cada momento está dotada de los Diez Mundos", quiere decir que en cada momento de vida existe el potencial para las diez condiciones: Infierno, Hambre, Animalidad, Ira, Tranquilidad, éxtasis, Aprendizaje, Comprensión, Bodhisattva y Budeidad. Ninguno de los diez estados es fijo. La vida en cualquiera de los diez estados contiene en sí mismo todos los demás; en otras palabras, una persona en cualquier estado tiene, a cada momento, el potencial de manifestar cualquiera de los otros nueve estados. Este es el concepto de inclusión mutua, o "posesión mutua", de los Diez Mundos. Nuevamente, porque cada uno de los diez estados contiene en sí mismo los diez estados en su totalidad, es que llegamos al total de cien estados.

La expresión de T’ien-t’ai de que "cada uno de esos mundos posee treinta aspectos" se explica al entender que cada uno de los diez estados incluye Diez Factores de la vida, y a su vez, cada factor posee los tres aspectos de existencia. Esto podría entenderse como que los diez estados juntos tienen trescientos aspectos, sin embargo, desde que cada uno de los diez estados contiene los otros nueve además del suyo, el total es de tres mil aspectos. Los Diez Factores de la vida son: apariencia, naturaleza, entidad, poder (fuerza inherente), influencia, causa interna, causa externa, efecto latente y efecto manifiesto, y finalmente consistencia del principio al fin. Los Tres ámbitos de la existencia son: el ámbito de los cinco componentes de la vida (forma, percepción, conceptualización, volición y conciencia); el ámbito de los seres vivientes y el ámbito del medio ambiente. Tres mil no es un número elegido al azar, sino que más bien es la expresión de un conjunto de principios que refleja la inmensidad y diversificación de la vida.

A través de la historia, las personas han comprendido que todos los fenómenos naturales son ilusorios e inciertos, y por ello han buscado la eterna e inmutable verdad de la vida. Diferentes maestros han ofrecido diferentes explicaciones de la relación entre esta verdad absoluta y el mundo efímero que experimentamos. Algunos han sugerido que esta verdad suprema gobierna este mundo desde un plano superior; otros, que yace más allá o detrás de los fenómenos, o que los fenómenos son en realidad mera ilusión y que sólo la verdad suprema es real. Una tendencia dualista similar se encuentra en algunas de las enseñanzas budistas anteriores al Sutra del Loto. éstas generalmente sostienen que la mente es la base de todos los fenómenos, y que todos los fenómenos provienen de la mente.

En contraste, el principio de ichinen sanzen, basado en el Sutra del Loto, sostiene que la mente (o cada momento de nuestra vida) y los fenómenos del universo son "dos pero no dos". Todos los fenómenos son manifestaciones de la realidad suprema, y esta realidad fundamental existen sólo en los fenómenos mutables: en otras palabras, ninguno puede existir independientemente del otro. Es así que todos los eventos del universo, por ser manifestaciones de nuestro Ichinen, están integrados formando una sola entidad, de tal forma que cada individuo está directamente conectado con el resto del universo.
Cada momento en la vida de cada individuo penetra los tres mil aspectos y éstos están comprendidos en cada uno de esos momentos. O sea que las formas de todos los fenómenos del universo derivan de esta interrelación,

A través del principio de ichinen sanzen, cada ser humano tiene el potencial de ser un Buda, despertado a la eternidad y la infinidad de la vida. Sin embargo, lo que las personas realmente experimentan es más bien algo diferente. Así, este principio, puede ser dividido en dos tipos: el ichinen sanzen teórico y el ichinen sanzen real. El ichinen sanzen teórico se refiere a la vida de los mortales comunes o las personas que no se han iluminado, a través de los nueve estados desde el Infierno hasta el de Bodhisattva, en el cual la Budeidad permanece en estado latente. En contraste, el ichinen sanzen real indica la vida de la Budeidad, o sea, la vida que activa y plenamente manifiesta la Budeidad..

El ichinen sanzen descrito en el "Hoben", segundo capítulo del Sutra del Loto es reconocido como teórico porque explica la Budeidad como un potencial inherente a las personas de los nueve estados inferiores. El ichinen sanzen indicado en el décimo sexto capítulo, "Juryo", es descrito como real porque presenta la Budeidad como una realidad manifestada en la vida de Shakyamuni. De acuerdo al Budismo de Nichiren Daishonin, sin embargo, la versión de ichinen sanzen descrita en el décimo sexto capítulo es incompleta, porque está explicada sólo como efecto, o sea, como la iluminación de Shakyamuni alcanzada en el pasado remoto.

Como la descripción de ichinen sanzen en este décimo sexto capítulo fracasa en revelar la causa que permitió que Shakyamuni alcanzara su iluminación original; carece de una clarificación completa de la realidad fundamental de la vida. Nichiren Daishonin fue la persona que identificó la causa original de la iluminación de Shakyamuni -y, por lo tanto, la iluminación de todos los Budas- como Nam-myoho-renge-kyo, o la Ley Mística. En "La Esencia del capítulo ‘Juryo' ", él escribe: "Nam-myoho-renge-kyo, el corazón del capítulo 'Juryo,' es la madre de todos los Budas en las diez direcciones y en las tres existencias del pasado, presente y futuro (MW-3,35). La pregunta que debemos hacernos es: ¿Cómo los mortales comunes de los nueve estados inferiores pueden despertarse y manifestar su Budeidad latente? El Budismo de T’ien-t’ai fue, y es, extremadamente difícil de entender, y la meditación y prácticas que prescribe para "observar la esencia de la vida", o percibir los tres mil aspectos dentro de uno mismo, era poco factible para la vasta mayoría de la gente, siendo adecuado solamente para una pequeña élite monástica. Más aún, esas prácticas se concentraban solamente en las funciones internas de la vida y tenían muy poca relevancia al mundo exterior - la vida que todos tenemos que vivir en la sociedad. Nichiren Daishonin, por otro lado, buscó establecer una forma de percibir el ichinen sanzen que sería accesible para todos, una práctica que no sólo iluminaría el ámbito interno de la vida sino que también transformaría el mundo en que vivimos.
De acuerdo a ello, él incorporó su iluminación a la ley de Nam-myoho-renge-kyo en la forma de un mandala llamado Gohonzon, el cual, en sus enseñanzas es el objeto fundamental de veneración. El Daishonin enseña que creer en el Gohonzon y entonar Nam-myoho-renge-kyo constituyen en sí mismos "observar la esencia de la vida" o el logro de la Budeidad. Por lo tanto, a través de la inscripción del Gohonzon, estableció un camino por el cual, todas las personas por igual, podrían percibir el ichinen sanzen y lograr la Budeidad en sus vidas comunes.

Para usar una analogía, aunque no sepamos nada de electrónica o del funcionamiento de un aparato de televisión, nosotros aún podemos disfrutar simplemente prendiendo el aparato. La fe en el Gohonzon es análoga al acto de prender la televisión y seleccionar el canal; la imagen que entonces vemos está ligada a la Budeidad que disfrutamos mientras se manifiesta desde dentro de nuestra vida. Nichiren Daishonin, por lo tanto, da una expresión concreta y práctica a la filosofía budista enseñada por Shakyamuni y sistematizada más tarde por Tíien-tíai.

Los Diez Mundos

Los Diez Mundos, el primero de los principios que componen el ichinen sanzen, son los diez estados o condiciones de vida que experimentamos. Tomados conjuntamente, los Diez Mundos comprenden un análisis de las condiciones que una vida individual manifiesta en el transcurso del tiempo. La idea de los Diez Mundos describe las sensaciones subjetivas experimentadas por el yo, en el nivel más fundamental de la vida. Como hemos visto, los Diez Mundos comenzando con el más inferior hasta el más elevado, son: Infierno, Hambre, Animalidad, Ira, Humanidad, éxtasis, Aprendizaje, Comprensión, Bodhisattva y Budeidad.
La idea de los Diez Mundos tuvo sus orígenes en una teoría cosmológica. En ésta se creía que había diez ámbitos distintos y separados en los que la gente renacía, y donde cada ámbito en particular estaba determinado por la naturaleza del karma acumulado por el individuo. Por ejemplo, la Humanidad denota el mundo de los seres humanos; la Animalidad el reino de las bestias, y el Infierno una prisión subterránea.
Sin embargo, en la doctrina de ichinen sanzen, los Diez Mundos no son vistos como lugares físicos sino más bien como estados o condiciones inherentes a cada uno de nosotros que experimentamos de momento a momento a través de nuestra interacción con el ambiente.

Nichiren Daishonin discute este aspecto de los seis primeros estados en "El Verdadero Objeto de Veneración": "Cuando miramos de tanto en tanto el rostro de una persona, la encontramos algunas veces alegre, otras encolerizada, y otras en calma. Por momento la avaricia aparece en la cara de las personas, por momentos la necedad y a veces la perversidad. La cólera es el estado del Infierno, la avaricia es el del Hambre, la necedad es el de la Animalidad, la perversidad es el de la Ira, la alegría es el del éxtasis y la calma es el de la Humanidad (MW-I, 52).

Los cuatro mundos superiores son, del mismo modo, inherentes a la vida. De acuerdo con el Budismo de Nichiren Daishonin, el Infierno, el éxtasis y aún la Budeidad son condiciones de la vida: " En cuanto al interrogante de dónde exactamente existen el Infierno y el Buda, un sutra dice que el Infierno existe debajo de la tierra y otro sutra dice que el Buda está en el Oeste. Sin embargo, un análisis más profundo revela que ambos existen en nuestro cuerpo de cinco pies" (MW I, 271). Como podemos ver, los Diez Mundos en su totalidad existen dentro de nuestra vidas cotidianas comunes.

Los Diez Mundos considerados individualmente

El primer mundo, el Infierno (jigoku), indica un estado totalmente desprovisto de libertad, una condición de extremo sufrimiento y desesperación, en el que uno es impulsado por la cólera a destruirse a sí mismo y a los demás. Los sutras budistas describen varias clases de infiernos, tales como los ocho infiernos candentes, los ocho infiernos fríos y los dieciséis infiernos menores. Muy semejante a la manera en que el Dante describió en su Divina Comedia los nueve niveles del Infierno, los nueve niveles del Purgatorio y los diez niveles del Paraíso -un esquema típico de la cosmología medieval cristiana. El 26? Sumo Prelado Nichikan Shonin, se refiere igualmente a la cosmología tradicional cuando escribe en su "La Triple Enseñanza Secreta": ì...el Infierno es la morada incandescente y el Hambre, un lugar de 500 yojanas debajo del mundo humano. Aquéllos en el estado de Animalidad viven en el agua, en la tierra y en el aire. La Ira tiene su morada junto al océano o en el fondo del mar. La Humanidad es la vida en la Tierra, y los seres en éxtasis residen en un palacio".

Sin embargo, como hemos notado, el concepto de los Diez Mundos puede considerarse no sólo como un sistema cosmológico sino también como un esquema de potencias inherentes en toda vida. En este sentido, la afirmación de que "el Infierno es una morada de hierro incandescente" puede entenderse como la tormenta ineludible que sufrimos cuando estamos en el estado de Infierno.

El segundo mundo es el Hambre (gaki). En este estado somos gobernados por unas ansias constantes de objetos o de ciertas experiencias tales como riqueza, fama, poder y placer. Las causas de este estado pueden encontrarse en tendencias como la avaricia, la mezquindad y los celos. Originalmente el mundo del Hambre era visto como un ámbito habitado por los espíritus de los muertos, quienes se creía, estaban sufriendo de inanición como retribución kármica por la avaricia y el egoísmo demostrado mientras vivían. En el mundo del arte son representados con vientres abultados y cuellos angostos. En su "Tratado conforme a la Doctrina Correcta", Samghabhadra, el erudito oriundo de la India que vivió durante el Siglo V A.C., describe tres tipos de espíritus hambrientos cada uno de los cuales se subdivide en tres.; el Sutra de la Meditación sobre la Ley Verdadera enumera treinta y seis clases. El reino habitado por esos espíritus hambrientos se creía estar localizado 500 yojana debajo de la superficie de la Tierra. ( Una yojana era una medida métrica usada en la India Antigua: los cálculos de su longitud varían entre los 9.6 y los 24 Km.). La imagen de una morada oscura y estrecha en las profundidades de la tierra, expresa vívidamente las restricciones del estado de Hambre, en la cual somos prisioneros de nuestros insaciables deseos.

El tercer mundo es el de la Animalidad (chikusho). En este estado, somos como animales gobernados por instintos de supervivencia y por la falta de virtudes coercitivas tales como la razón o la moral. Las personas en este estado solamente observan "la ley de la jungla". Se aprovechan de los que son más débiles que ellos y adulan a los que son más fuertes.

El cuarto de los mundos es el de la Ira (shura). Los primeros tres estados -Infierno, Hambre y Animalidad- se conoce, en conjunto, como los tres caminos del mal. La vida en estos estados está dominada por deseos instintivos y pasiones. En este estado, la Ira, existe una conciencia del ego -pero es un ego voraz y distorsionado, decidido a triunfar sobre los demás, a cualquier precio, y viéndolo todo como una posible amenaza a sus supervivencia. Se decía que este estado estaba caracterizado por asuras, demonios contenciosos que aparecen en la mitología de la India antigua. Como hemos visto, el Sumo sacerdote Nichikan escribió que "la Ira reside junto al océano; las olas rompen en el océano y su temible potencia para sumergir cualquier cosa en fracción de segundos pueden verse como una representación de un ego agresivo y arrogante, que es la carácter distintivo de la Ira. En este estado solamente nos valoramos a nosotros mismos, despreciando a todos los demás. Nos creemos superiores a otros y no podemos soportar ser considerados inferiores a ninguna otra persona, en ningún aspecto. Los tres caminos del mal, junto con la Ira, se llaman "los cuatro caminos del mal" o los cuatro mundos inferiores.

El quinto de los Diez Mundos, es el de la Humanidad (nin). Este mundo se caracteriza por la estabilidad vasta y llana de la Tierra. La Humanidad es el estado en el cual podemos usar la razón para controlar los deseos instintivos permitiendo así que las cualidades verdaderamente humanas, tales como el amor y la benevolencia, puedan emerger. Las personas en el estado de Humanidad experimentan tranquilidad y en general viven una existencia calma.

El sexto de los mundos es el éxtasis (ten). Este estado puede entenderse mejor si pensamos en el intenso placer que experimentamos cuando, por ejemplo, tenemos las satisfacción de lograr algo que hemos deseado por mucho tiempo, o cuando un largo sufrimiento se alivia. Aunque es intenso, el placer experimentado en este estado es de corta duración y extremadamente vulnerable a influencias externas.

Estos primeros seis estados, desde el Infierno al éxtasis, se llaman en conjunto, los "Seis Caminos" o los seis mundos inferiores. Todos ellos tienen una cosa en común: se originan mediante la satisfacción o la frustración de diferentes deseos e impulsos. Por lo tanto, su aparición o desaparición está gobernada por circunstancias externas. El budismo señala que la mayoría de las personas pasan su vida fluctuando entre los seis estados, sin comprender que están completamente a la merced de sus reacciones al ambiente. Cualquier felicidad o satisfacción que podamos obtener en este estado están totalmente gobernadas por las circunstancias y por lo tanto son transitorias. Pero cuando estamos atrapados en los seis mundos inferiores fracasamos en comprender esto, y en su lugar basamos toda nuestra felicidad en realidad toda nuestra entidad en factores externos, que por definición, están más allá de nuestro control. Sin embargo, cuando reconocemos que todo lo experimentado en los seis mundos inferiores es impermanente - una aceptación que nos impulsa comenzar una búsqueda por una verdad duradera- es cuando entramos los dos estados siguientes del Aprendizaje y la Comprensión. Estos dos estados, junto con los dos últimos, de Bodhisattva y el de Budeidad, se llaman los "Cuatro Mundos Nobles". A diferencia de los Seis Caminos, que en esencia constituyen una reacción pasiva al ambiente, éstos cuatro estados superiores se logran solamente por medio de un esfuerzo continuo y deliberado.

En el estado de Aprendizaje, buscamos la verdad indirectamente, por medio de las enseñanzas o experiencias de otras personas. La palabra japonesa para este estado, shomon, puede ser traducida como "el que oye la voz". Originalmente, fue usada para aquellos discípulos del Buda que lo habían escuchado predicar en persona.

Luego del Aprendizaje, está el octavo mundo, la Comprensión (engaku). Este estado es similar al del Aprendizaje, excepto que aquí, buscamos la verdad no a través de las enseñanzas de otras personas sino a través de nuestra propia percepción directa. La palabra sánscrita para este estado es pratyekabuda, y denota una persona que llega independientemente a un entendimiento de las verdades budistas. Juntos, el Aprendizaje y la Comprensión, se describen como los "dos vehículos". En esos estados, habiendo comprendido la impermanencia de todas las cosas, hemos ganado cierto grado de independencia: ya no estamos sujetos a nuestras reacciones hacia el ambiente, como cuando estamos transitando por los seis estados inferiores.

Pero nada es perfecto. Las personas de los dos vehículos tienen la tendencia a mirar con desdén a aquellos que aún no alcanzado su mismo nivel de entendimiento - o sea, aquellos que marchan penosamente por los Seis Caminos. Además, su búsqueda de la verdad es en gran parte una cuestión de interés propio; de modo que las personas en esos dos estados pueden retener un poco de egoísmo.

Después de estos mundos se encuentra el de Bodhisattva (bosatsu). Este estado, en contraste con los dos vehículos, está caracterizado por la compasión y el comportamiento altruista. Los Bodhisattvas, aunque aspiran a la iluminación suprema, al mismo tiempo tienen la determinación de que todos los demás seres humanos, también alcancen el mismo estado. Conscientes de los lazos que nos unen a los demás cuando estamos en el estado de Bodhisattva, comprendemos que la felicidad que disfrutamos en forma solitaria es ilusoria y sólo parcial, y por lo tanto nos dedicamos a aliviar los sufrimientos de otras personas- aunque sea a costa de nuestra propia vida. Cuando estamos en este estado encontramos que nuestra mayor satisfacción proviene de un comportamiento altruista. Nichiren Daishonin señala el objetivo y el espíritu del Bodhisattva en una frase de la "Recopilación de la Enseñanzas Transmitidas Oralmente" (Ongi Kuden): "La alegría significa que tanto uno mismo como los demás se regocijan" (Gosho Zenshu, pág.761). Dr. Hans Selye, en su libro El Stress de la Vida (1956), enfatiza la importancia de expandir los horizontes personales. él dice que transformando los impulsos egoístas en acciones altruistas -provocando así un sentimiento de gratitud en otras personas- es el camino hacia la verdadera seguridad interna. Esta preocupación por los demás es característica del estado de Bodhisattva.
Los estados desde el Infierno hasta el Bodhisattva son conocidos colectivamente como los "nueve mundos". El término es con usado con frecuencia para indicar la condición no iluminada de los mortales comunes, en contraste con el décimo de los Diez Mundos: la Budeidad (butsu). El estado de Budeidad implica una condición de libertad perfecta y absoluta; el estado supremo en el cual despertamos a la verdad perfecta y fundamental que es la realidad de todas las cosas. Se considera que en conjunto, los diez epítetos o títulos honoríficos del Buda, que aparecen en el Comentarios sobre las Diez Etapas de Nagarjuna, describen el gran poder, la sabiduría, la virtud y la capacidad única de aquellos en el estado de la Budeidad.

Los diez epítetos son:
"El que así llega"- El cual se refiere a alguien que ha venido del mundo de la verdad. Un Buda personifica la verdad fundamental de todos los fenómenos y capta la ley de causalidad que penetra el pasado, el presente y el futuro.
"Digno de ofrendas"- Se refiere a una persona que está calificada para recibir ofrendas tanto de los seres humanos como los celestiales.
"Conocimiento correcto y universal"- Lo que implica alguien que comprende todos los fenómenos correcta y perfectamente.
"Claridad y conducta perfectas"- es el título que describe una persona que entiende la eternidad del pasado, el presente y el futuro y quien realiza buenas acciones hasta la perfección.
"Bondad alcanzada"- Esto significa una persona que ha alcanzado el mundo de la iluminación.
"Entendimiento del mundo"- Esto implica una persona quien, mediante su comprensión de la ley de causalidad, entiende todos los asuntos seculares y religiosos.
"Valor insuperable"- Una persona que se distingue supremamente entre los demás seres humanos.
"Instructor de las personas"- Este título describe alguien quien instruye y guía a las personas a la iluminación.
"Maestro de los seres humanos"- en otras palabras, un maestro que puede guiar a todos los seres humanos y a los celestiales.
ëBuda, el Honrado por el mundo"- Este título significa una persona dotada de perfecta sabiduría y virtud, quien puede ganar el respeto de todas las personas. El Budismo constituye un sistema práctico de enseñanza que en su totalidad provee de los medios para comprender este estado ideal de la Budeidad.

Hoy, por todos lados vemos evidencias de los logros remarcables de la ciencia y la tecnología durante las últimas décadas pasadas, y sin embargo, irónicamente, esos mismos avances han actuado a menudo para restringir nuestra libertad, dando la impresión de que sólo somos una pieza en la gigante maquinaria de la sociedad burocrática. Aún más, las enfermedades que han aparecido por la naturaleza de nuestra civilización moderna -tales como las relacionadas con el stress y varios desórdenes emocionales- son endémicas. A pesar de nuestros beneficios, entonces, todavía nos tenemos que liberar de los sufrimientos de los seis mundos inferiores.

La Budeidad trae como consecuencia la sabiduría de reconocer la realidad fundamental de nuestra vida, la compasión infinita, un perfecto yo eterno, y una pureza de vida total e incorruptible. De acuerdo con las enseñanzas budistas, sólo cuando hemos establecido como nuestra base este estado superior ñla Budeidadñ es que podemos transformar nuestra existencia, dirigiendo todas las actividades mentales y físicas de nuestros nueve mundos hacia metas altruistas y valiosas.


La posesión mutua de los Diez Mundos

En "La Apertura de los Ojos", Nichiren Daishonin escribe: "El concepto de ichinen sanzen comienza con un entendimiento de la posesión mutua de los Diez Mundos o estados de la existencia" (MW-2, 80). Posesión mutua o inclusión mutua significa que cada uno de los Diez Mundos comprende los otros mundos dentro de sí. Podemos interpretar esto como que todos los diez estados son inherentes en cada individuo. Una persona que experimenta el estado de Humanidad en un momento puede, en el momento siguiente, permanecer en ese estado o manifestar cualquier otro de los nueve mundos. Lo que este principio nos dice, entonces, es que la vida no permanece fija en cualquiera de las diez condiciones sino que a cada momento puede manifestar cualquiera de las diez; y también que la vida en cualquiera de esas condiciones, posee todas las otras condiciones en forma latente dentro de sí mismas.

La idea de la posesión mutua explica la interrelación de los Diez Mundos en como uno o el otro pasa de su estado latente a una manifestación activa, o de una manifestación activa a un estado latente. Por ejemplo, en un momento podemos estar experimentando la alegría del éxtasis, pero en el momento siguiente algún factor de nuestro alrededor puede cambiar repentinamente y así nosotros nos zambullimos en las profundidades del Infierno. Pero esto no significa el estado de éxtasis ha dejado de existir en nosotros, sino que simplemente a pasado a un estado latente; y con el estímulo externo apropiado, emergerá nuevamente de su latencia.

De esta manera, los diez estados desde el Infierno a la Budeidad pueden ser activados a través de nuestra relación con el mundo externo, manifestándose tanto en el aspecto físico como en el espiritual de nuestra vida cotidiana.

Podemos ver, entonces, que la idea de la posesión mutua de los Diez Mundos es un concepto que describe la dinámica estructura de la vida en una forma total. Nichiren Daishonin explica el concepto en su " El Verdadero Objeto de Veneración": "Aún un villano despiadado ama a su esposa y a sus hijos" (MW-1, 53). Por lo tanto el estado de la Budeidad -así como todos los otros estados- existe aún en el mundo del Infierno. Konrad Lorenz (un científico en comportamiento, oriundo de Austria) señala que aunque los animales actúan normalmente sólo de acuerdo con sus instintos, algunos ayudarán a otra criatura que sufre. Podemos tomar esto como un ejemplo de que el estado de la Budeidad existe en el mundo de la Animalidad.

Cuál de los Diez Mundos se manifestará en un momento dado, depende no sólo de las influencias externas sino también de las propias tendencias básicas. Una cierta influencia externa no necesariamente hará que el mismo mundo se manifieste en dos personas diferentes. Por supuesto, nuestras condiciones fluctúan de un momento al otro, pero en una perspectiva más amplia, siempre existe una condición o un conjunto de condiciones alrededor de las cuales se centran nuestra actividades y a las cuales estamos más propensos a regresar. Por ejemplo, algunas vidas giran en los tres caminos del mal, otras oscilan entre los seis mundos inferiores, y la motivación de algunas personas es la búsqueda de la verdad, lo que caracteriza los dos vehículos.

En definitiva, el concepto de la posesión mutua de los Diez Mundos -que clarifica la igualdad fundamental y el potencial infinito de cada ser humano, explica que cada individuo posee la potencia para elevar sus tendencias básicas. En otras palabras, a través de un esfuerzo continuo en la práctica budista, podemos elevar gradualmente nuestras tendencias básicas hasta que a lo largo del tiempo establezcamos el estado supremo de la Budeidad como nuestra fundación.

Aunque es imposible describir el estado de la Budeidad -incluso imposible de imaginar- podemos pensar en éste como una condición de júbilo y confianza absolutas experimentadas en lo profundo de nuestro ser, y expresadas a través de los nueve mundos de la vida cotidiana. Durante el proceso de elevar nuestras tendencias básicas, nuestras percepciones y valores seguramente cambiarán.

En una carta a su discípulo Soya Kyoshin, Nichiren Daishonin escribe: ìEspíritus hambrientos perciben el río Ganges como fuego, los seres humanos lo perciben como agua, y los seres celestiales lo perciben como amrita (néctar divino). El agua es la misma, pero parece diferente de acuerdo con la capacidad kármica de los individuosî (Gosho Zenshu, pág.1050). El Daishonin está diciendo que la vida en el estado de Hambre percibe las aguas del Ganges como si fueran sus propias llamas abrasadoras de la avaricia, mientras que una vida en un estado diferente tiene una percepción totalmente distinta. Aunque el párrafo se refiere sólo a la percepción en el estado de Hambre, Humanidad y éxtasis, de igual forma el mismo principio obviamente se aplica a todos los otros estados. En el análisis final, entonces, cuando establezcamos la Budeidad como una fundación inmutable, de tal manera que nuestra vida individual se fusione con la Budeidad del cosmos, entonces con toda seguridad crearemos una vida de júbilo ilimitado y libertad absoluta.

Los Diez Factores

Cada uno de los Diez Mundos tienen sus únicas y propias características -el Infierno por ejemplo, es muy diferente del estado de Aprendizaje. Los Diez Factores (junyoze), por otra parte, son el mecanismo por el cual un estado cambia con cada momento que pasa. La vida en el Infierno, Hambre, Animalidad o cualquiera de los otros Diez Mundos, posee los mismos Diez Factores. La palabra nyoze, literalmente "es como" es un prefijo de los nombres de los Diez Factores que se recitan en el capítulo "Hobenî del Sutra del Loto. Los Diez Factores explican cómo cambia la vida de uno de los Diez Mundos al otro. Los Diez Factores son:

Apariencia (nyoze-so): Esos aspectos que pueden ser percibidos o pueden discernirse desde el exterior. La apariencia incluye atributos tales como el color, la forma y el comportamiento, y en términos de los seres humanos señala el aspecto físico de nuestra existencia, incluyendo el cuerpo y sus funciones.

Naturaleza (nyoze-sho): La disposición inherente o esas cualidades que no pueden discernirse desde el exterior. En términos de la vida humana, la naturaleza indica los aspectos espirituales como la mente y la conciencia.

Entidad (nyoze-tai): La entidad o esencia de la vida que se manifiesta como una apariencia externa y una naturaleza interna pero en sí misma no es ninguna de las dos. Es la entidad de la vida en cualquiera de los Diez Mundos.

Estos primeros tres factores describen la vida desde un punto de vista estático. Analizan lo que la vida es y forman también una base teórica para el concepto budista de la unidad del cuerpo y la mente (shiki shin funi). Los seis factores siguientes analizan las funciones dinámicas de la vida. El poder y la influencia describen el funcionamiento de la vida en términos del espacio, mientras que la causa interna, relación, efecto latente y efecto tienen que ver con la causalidad y explican las funciones de la vida en términos del tiempo.

Poder (nyoze-riki): La capacidad de actuar inherente a la vida, su fuerza latente o energía para lograr algo. Cada uno de estos diez estados tiene su poder correspondiente. La vida en el estado de Ira tiene el poder de destruir valor, mientras que la vida en el estado de Bodhisattva tiene el poder de aliviar el sufrimiento de los demás.

Influencia (nyoze-sa): La acción o el movimiento producido cuando el poder latente de la vida es activado. Es el empleo de la influencia, ya sea buena o mala, en pensamientos, hechos o acciones.

Estos dos factores, el poder y la influencia, presuponen la existencia de algún objeto externo hacia el cual se dirige un movimiento o una acción. La entidad, cuando es acompañada por los factores dinámicos del poder y la influencia, podría considerarse como un sujeto autónomo que puede actuar en relación con otras existencias. Más aún. El poder y la influencia no están necesariamente en proporción uno con el otro. El poder inherente puede ser grande, pero la influencia pequeña; o el poder inherente de uno puede ser pequeño pero la influencia inmensa. Una persona de gran talento (poder inherente) que está en estado de Infierno, donde la fuerza vital es insignificante, ejercerá muy poca influencia en el ambiente. Mientras que una persona que pueda tener un talento promedio pero se encuentra en un estado de vida superior como el de la Humanidad o el de Bodhisattva, revelará una gran parte de su poder inherente y producirá un impacto mayor en el ambiente. Los próximos cuatro factores explican cómo las acciones del sujeto causa el fluctuación desde uno de los Diez Mundos al otro.

Causa interna (nyoze-in): La causa latente en la vida que simultáneamente contiene un efecto en una latente posibilidad. Causas buenas producen efectos buenos, mientras que malas causas, producen malos efectos.

Relación (nyoze-en): La causa auxiliar o el estímulo ambiental que ayuda al karma a producir su efecto. Aunque se le llama causa externa, no es el ambiente en sí mismo sino la conexión entre la vida y el ambiente. Cuando es activada por la relación, una causa interna sufre un cambio y simultáneamente produce un nuevo efecto latente. Es también a través de esta función de relación que los efectos latentes se manifiestan.

Efecto latente (nyoze-ka): El efecto latente producido en las profundidades de la vida cuanto la causa interna es activada por la relación. Como tanto la causa interna y el efecto latente están dormidos en la profundidad de la vida, no hay lapso entre las dos, tal como ocurre frecuentemente entre la acción y su resultado perceptible.

Efecto manifiesto (nyoze-ho): El resultado concreto, perceptible que emerge después de cierto tiempo como consecuencia de una causa interna y un efecto latente.

Para clarificar cómo los primeros tres factores (apariencia, naturaleza y entidad), los cuales componen una vida humana, demuestran los seis factores siguientes desde el poder hasta el efecto manifiesto, tomemos como ejemplo una escultora principiante. Su capacidad artística (poder) encuentra su expresión en los esfuerzos concretos (influencia) de perfeccionar el uso del martillo y el cincel. A través de su interacción con la madera o la piedra (relación) sus habilidades artísticas innatas (causa interna) son estimuladas (efecto latente) y con el tiempo ella se convertirá en una artista magistral (efecto manifiesto).

Consistencia desde el principio hasta el fin (nyoze-honmmatsu-kukyo-to) El factor integrante que unifica todos los otros nueve factores a cada momento en una sola entidad de la vida. Donde hay un factor, los otros nueve estarán invariablemente presentes. No importa en cuál de los Diez Mundos uno se encuentre, el décimo factor afirma que los otros nueve estarán en consistencia con ese estado. Los primeros tres factores son la entidad (principio) y los seis factores siguientes son su función (fin). Tanto el principio como el fin, que son la entidad y la función de todos los fenómenos, son inseparables.

LOS TRES AMBITOS DE EXISTENCIA

Los Tres ámbitos son el último de los componentes de ichinen sanzen. Ellos son: el ámbito de los cinco componentes, el ámbito de los seres vivientes, y el ámbito del medio ambiente. Podemos considerar estos Tres ámbitos como las tres dimensiones del mundo fenoménico en el cual los Diez Mundos se manifiestan.

Los cinco componentes se combinan para formar un ser viviente. Los seres vivientes son seres individuales que manifiestan los Diez Mundos. El ambiente es donde los seres vivientes llevan a cabo sus actividades. Los cinco componentes son:

Forma (shiki): El aspecto físico de la vida que posee atributos tales como la forma y el color. Forma también indica los cinco sentidos - vista, oído, olfato, gusto y tacto- a través de los cuales uno percibe su mundo externo.

Percepción (ju): La función de recibir información externa a través de los cinco órganos sensoriales (los cinco sentidos) más la mente ( que integra las impresiones sensoriales).

Conceptualización (so): La función por la cual uno forma una idea o un concepto sobre lo que ha sido percibido.

Volición (gyo): La voluntad de tomar acción hacia lo que ha sido percibido. (La acción misma sería clasificada como "forma").
Conciencia (shiki): La función discerniente de la vida que puede hacer juicios válidos, distinguir entre lo bueno y lo malo y así sucesivamente. La conciencia también actúa para apoyar e integrar los otros cuatro componentes.

La forma corresponde al aspecto físico de la vida y los otros cuatro al aspecto espiritual. Sin embargo, como el Budismo sostiene que los aspectos materiales y espirituales de la vida son inseparables, no hay forma sin percepción, conceptualización, volición y conciencia y tampoco puede haber conciencia sin forma, percepción conceptualización y volición. Los cinco componentes deben ser entendidos como un todo y asimilados en términos de su interrelación.

Las diferencia entre los Diez Mundos son reflejadas en el funcionamiento de los cinco componentes. Por ejemplo, en el estado de Infierno, uno percibe y reacciona a un fenómeno dado en forma muy diferente que si hubiera encontrado en el estado de Bodhisattva. El karma que uno crea por lo tanto también diferirá. Por ello, los cinco componentes están coloreados por el karma individual formado en vidas sucesivas y ellos también funcionan para acumular karma posterior.

El segundo ámbito es el de los seres vivientes. Todos los seres vivientes, desde aquellos en el estado de Infierno a aquellos en el estado de Budeidad, están formados por la unión temporaria de cinco componentes -temporaria porque se desintegrará al morir. Cualquiera de esos Diez Mundos que sirva de base para el funcionamiento de los cinco componentes, se manifestará también en el ser viviente formado por esos cinco componentes. Ya que los seres vivientes son percibidos como una unión temporaria de los cinco componentes, surge la interrogante de por qué se debiera establecer un ámbito separado para ellos, aparte del ámbito de los cinco componentes. La respuesta es que esos dos ámbitos consideran los seres vivientes desde ángulos diferentes. El ámbito de los cinco componentes analiza los seres vivientes en el funcionamiento de los componentes físicos y espirituales, mientras que el ámbito de los seres vivientes lo considera como un individuo integro capaz de interactuar como el ambiente. El ámbito de los seres vivientes también puede interpretarse en el plural como un grupo de seres vivientes. En este sentido, el reino de los seres vivientes indica la verdad que nosotros vivimos en un estado de interrelación perpetua y dependencia mutua con otros seres vivientes. Sin embargo, a menudo caemos bajo la ilusión de que el "yo" es de alguna manera absoluto e independiente de los demás. El Budismo enseña que el sufrimiento nace finalmente de este egocentrismo. La idea de que "los seres vivientes no son más que una unión temporaria de los cinco componentes" tenía la intención de ayudar a romper la el apego a una idea de uno mismo como fija y absoluta.

El tercer ámbito es el del medio ambiente ñ el lugar donde los seres vivientes habitan y del cual dependen para subsistir. Este incluye toda forma de vida como las plantas, arboles, montañas, ríos y así sucesivamente. Cualquiera de los Diez Mundos que sea manifestado por un ser viviente, se manifestará en el medio ambiente. Como se explicó anteriormente, los Diez Mundos fueron originalmente concebidos como ambientes físicos distintos. El Infierno se consideraba estar bajo de la tierra, el Paraíso en la cima del Monte Sumeru, y así sucesivamente. De acuerdo con la teoría de ichinen sanzen, sin embargo, la tierra misma, como los seres vivientes, posee todos los Diez Mundos. La única diferencia es que el ambiente no tiene una condición de vida independiente. Manifiesta uno u otro de los Diez Mundos en respuesta a la condición de vida de los seres vivientes que la habitan. Por ejemplo, aquellos en el estado de Hambre experimentarán un ambiente determinado en una forma diferente que lo harían en el estado de Humanidad. La implicación más significativa aquí es que los seres humanos pueden transformar su ambiente elevando su propio estado de vida. No hay un ámbito especial donde mora el Buda. Mejor dicho, al manifestar nuestra Budeidad innata, los seres humanos pueden hacer del ambiente inmediato la tierra del Buda.

Mientras los Diez Mundos y los Diez Factores son comunes a todos lo seres, los Tres ámbitos explican que no hay seres iguales. La diferencias más básicas expresadas en los Tres ámbitos de existencia son las de los Diez Mundos. Aún entre los seres vivientes en el mismo mundo de Aprendizaje, no habrá dos que tengan la misma forma física, o dos que percibirán, conceptualizarán y responderán al mundo exactamente de la misma manera. Tampoco ninguno de ellos tendrá el mismo ambiente, pues cada persona se interrelaciona en forma única con el resto del mundo

Las dos clases de fe.

Fecha:25-2-1278
Destinatario: Nanjo Tokimitsu
Situación del Daishonin: Se hallaba retirado en Minobu. El trasfondo de esta carta tiene que ver con su intención de elogiar el espíritu de ofrenda de Nanjo, por un lado, y la persistencia sólida de la fe, por el otro. Nanjo estaba pasando muchos sufrimientos económicos a causa de la fe, y que a pesar de eso, su sinceridad era ejemplar.
1-
Sobre el rey Ashoka
Fuentes: Dialogo con los jóvenes: Alejandro Magno y el rey Ashoka (3), “Un gobierno humanista” AS N° 702, Diccionario budista pág 17 Sgi NL N° 1192, 1899, 1903, 1992, 1993, 2276, 2391, 3147, 3386,3385, “Sobre cómo pueden lograr la iluminación mediante el Sutra del Loto aquellos que desde un principio aspiraban al Camino”, “Razones por las cuales escribí el Rissho Ankoku Ron”.
Ashoka fue hijo y nieto de dos grandes gobernantes. Su abuelo, Chandragupta, fue uno de los genios militares de su tiempo, autor de campañas y de conquistas asombrosas, fundó la dinastía Maurya, la más destacada de la historia india. Su padre fue Bindusara, segundo monarca de la dinastía. Y él, tercero en linaje, fue el primer rey que unió el país.
Este monarca, que unificó la tierra a través del Dharma (la Ley o verdad suprema), seguirá siendo fuente de inspiración para la humanidad en el siglo XXI, en el siglo XXII y aún después.
Logró transformar la naturaleza del imperio: de un gobierno por la fuerza a un gobierno por la moral. Y esto fue toda una revolución. Señaló un corte fundamental entre un orden en que el pueblo existia en bien del soberano y un nuevo gobierno, instaurado en bien de sus habitantes. Fue el primer intento en la historia humana de vivir en paz, de acuerdo con la moralidad, en lugar de continuar con una jerarquía basada en la ley de la selva, como la que había imperado hasta ese entonces.
Algunos de sus edictos admirables dicen cosas como éstas:
“Debemos ganarnos la confianza del pueblo. Todos los habitantes son mis hijos. Juro procurarles toda clase de beneficios y de comodidades, como podría desear a mi propia descendencia, en esta vida y en la próxima”,
“No deben seguirme porque soy el Rey, el líder”
“En cada momento y a cada lugar, mis amanuenses deben informarme sobre la situación del pueblo. (...)Pues creo que es mi deber trabajar en beneficio de todos los seres. (...) En verdad, no hay actividad más importante que beneficiar a todos los seres vivientes”.

Su familia venía de una tradición de expansión militar ambiciosa y bruta. Ashoka fue criado con estos sentimientos y esta sed de poder. Se dice, por ej., que , para asegurarse que nadie intentara quitarle el trono, mandó matar a sus 99 hermanos o hermanastros.
Lo cierto es que, en determinado momento, alguien le hizo Shakubuku, alguien le enseño el Budismo y él se convirtió, pero los dos o tres primeros años de su práctica no comprendió mucho el corazón del Budismo, y siguió basando su vida en la ideología del poder que practicaba desde la cuna.
Hasta que, Sensei dice: “Entre los edictos del rey Ashoka, hay uno que expresa su profunda contrición y su arrepentimiento: “Este es un tema de profundo pesar y reproche...”
¿Qué le provocaba tantos remordimientos? ¿De qué tenía que lamentarse este rey tan poderoso, que logró unir todo el territorio de la India?
“Como bien sabrán, lo que se reprochaba era la conquista de Kalinga, un estado vecino que avanzaba a paso raudo y surgía como potencia gracias a sus propios méritos, justo cuando Ashoka lo invadió. Sus fuerza lograron una victoria aplastante, la conquista, desde el punto de vista militar, fue un éxito rotundo. Pero el sufrimiento que produjo ese triunfo fue, también, sobrecogedor. El precio que hubo que pagar en vidas humanas y derramamiento de sangre fue, a todas luces, excesivo. Se dice que, en la batalla de Kalinga, murieron cien mil efectivos militares y ciento cincuenta mil soldados quedaron prisioneros. Pero las bajas civiles fueron muchísimo mayores. Incontables filas de ciudadanos se vieron obligadas a abandonar su tierra natal, lanzadas al eterno deambular de los refugiados.
“Casi nos parece escuchar los gritos desgarradores que debieron de colmar la tierra, mientas las personas se veían irremediablemente separadas de sus seres queridos: padres que perdían a sus hijos, esposas que quedaban sin compañero, maestros alejados de sus alumnos, amigos en recíproco duelo....
“Frente a ese retrato de infierno, el rey Ashoka sintió la tortura de un remordimiento insoportable. ¿Cuál fue el propósito de esta conquista?, debió de haberse preguntado. ¿Para qué expandí el territorio bajo mi control? ¿Por qué causa ejercí semejante fuerza? ¿No es la felicidad el propósito de la existencia? ¿Acaso la vida no es preciosa e irremplazable? ¿De qué sirve una guerra que provoca semejante devastación? ¿Por qué las personas debemos matarnos unas a otras?
“Desde la inmensa distancia del tiempo, casi puedo escuchar el lamento vivo del alma de Ashoka....(...)
“Cuando terminó de derramar amargas lágrimas de remordimiento, se puso de pie y dejó a un lado las armas. En lugar de armas, blandió la espada del Drama.
“El Drama. O Ley Budista, es la verdad suprema y universal que se aplica no sólo a los seguidores del Budismo, sino a todas las religiones, a todos los pueblos, a todos los seres vivios del cosmos. Vivir de acuerdo con esta verdad es correcto, civilizado y virtuoso. Es el camino de la vida, la senda del humanismo.
“El rey Ashoka resolvió dedicar su vida al pueblo. Pero no lo hizo con el simple afán de ganarse la simpatía de la gente. Muy por el contrario, reconocía que él, como soberano, era sostenido en su posición gracias al respaldo del pueblo y que podía llevar a cabo su tarea gracias a la gente. Por eso proclamaba. “Todos mis esfuerzos se originan en el deseo de saldar la deuda de gratitud que he contraído con el pueblo”.
“El gobierno es el proceso de saldar la deuda de gratitud que un soberano contrae con todos los seres vivientes.
“El Budismo enseña que uno debe retribuir los favores recibidos de todos los seres vivios. EL rey Ashoka consagró todo su ser y su espíritu a saldar esta deuda con las personas. Y el pueblo, a su vez, le respondió con su respaldo y devoción.
“Como líder de la nación, el rey Ashoka experimentó un cambio de corazón, tras la guerra que libraba para conquistar el reino de Kalinga. Y, a causa de este cambio en su postura, pudo transformar el curso de todo un país y de la historia inclusive.
Asumió el desafío de crear un gobierno humanitario. Trabajó sin descanso; ordenó a sus ministros que le informaran sobre sus actividades a todo momento y en todo lugar. Se consagró a las labores humanitarias: construyó hospitales y parques, fuentes y caminos, albergues de descanso para los viajeros, asilos para los pobres, instituciones para educar a las mujeres, como el Ministerio de Asuntos de la Mujer...Plantó árboles a la vera de las rutas, importó hierbas medicinales y las hizo cultivar en su territorio...
“Y todo esto ocurrió más de mil años antes de que surgiera, en Occidente, el concepto de “bienestar social”
“El rey Ashoka redujo la matanza de seres vivientes al mínimo, y hasta llegó a construir hospitales para animales.”Y, como líder del imperio, aunque él personalmente era devoto del Budismo, no dio a esta religión ningún trato preferencial o privilegiado. Sus dos principios de gobierno centrales fueron no suprimir la vida y ejercer el respeto mutuo.
“Uno de los más importantes logros del rey Ashoka fue liberar al Budismo de su mundo cerrado y clerical.
“El primer mandatario de la India independiente, Jawaharlal Nehru (1889-1964) hizo el siguiente comentario: “(El) Dharma, para Ashokan no fue la mera repetición de oraciones vacías ni la celebración de pujas (ofrendas) o de ceremonias, sino la ejecución de buenas acciones y el mejoramiento de la sociedad”.
“En aquellos días, el Budismo era, más que nada, una religión de monjes. Pero el Rey, un creyente laico, trató de expresar el Dharma (La Ley, la verdad, la justicia) en la vida concreta de la sociedad
“No me sentiré satisfecho hasta que todas las personas del mundo hayan recibido beneficios. Seguiré luchando hasta entonces, me dedicaré a mi deber” Este fue su espíritu.
“¿Cómo puedo detenerme antes de que todos sean felices, como detenerme, antes de haber transmitido a todos el mensaje de verdad y de justicia?”. El rey Ashoka no se daba por satisfechos con medias tintas. Toda su vida siguió esforzándose, hasta el último día. ( Se dice que gobernó durante 37años...)
Ashoka enfrentó muchas dificultades. Hubo resistencia. Hubo conspiraciones. Pero, una vez que decidió sus reformas, no retrocedió jamás.
“Y fue un hombre de acción. En uno de sus edictos, proclamó:”Quiero poner en acción todo lo que considero correcto; anhelo concretar la justicia”.
“¿Qué es la felicidad para los seres humanos? Yace en el esfuerzo sostenido y firme de cada uno, para poder declarar, cuando concluye cada día: “¡Hoy di lo mejor de mí¡ ¡Hoy, no tento nada que lamentar¡ ¡Hoy, he triunfado¡”.
Este gosho tiene dos grandes ejes,:
1.Espíritu de ofrenda
-Puntos básicos sobre la ofrenda
-La sinceridad del corazón
-A quién se efectúa la ofrenda

2. Dos clases de fe
-Fe como el agua
-Fe como el fuego

1.Ofrenda
1.La ofrenda puede ser material e inmaterial. La ofrenda más impotante es nuestra dedicación a la fe, la práctica (individual y propagación) y el estudio. El Daimoku y el gongyo de cada día, junto con el cuidado material del altar, son ofrendas básicas. EL tiempo y el esfuerzo que laboriosamente dedicamos a trabajar por la felicidad de los demás y por las actividades es otra ofrenda esencial. Y, por supuesto, nuestra contribución material para sostener un movimiento que no depende de nadie más que de nosotros. Justamente esta independencia de la SGI es su garantía de coraje y de permanencia junto al pueblo. La ofrenda no es una expresión material, pues es un acto nacido del corazón de la fe.

2. La ofrenda es la vida misma. Ofrendar no es, para el Budismo, una cuestión de aporte formal, como quien puede pagar la cuota de un club o de una universidad, sino el reflejo de una consagración de cuerpó y alma al Kosen rufu.

3.La ofrenda es también una forma rápida de lograr la iluminación. El Gosho “El próspero Sudatta”expresa: “La forma de llegar a ser un buda fácilmente no tiene nada de extraordinario. Por ejemplo, es como dar agua a alguien sediento en épocas de sequía o como hacer fuego para alguien que tirita de frío en la intemperie. O, también, es como dar a una persona algo irremplazable. Me refiero a algo cuya nos pone al borde de la muerte y, sin embargo, decidimos dar a otro ser humano en calidad de ofrenda”. La vida es un acto de ofrenda. Transmitir la Ley al que está sufriendo una agonía es salvarle la vida. Proteger el mundo del Kosen rufu es proteger el derecho a la Budeidad de millones de personas en los siglos venideros. Poder ofrendar debería ser un motivo de eterno orgullo y un jpunto de desafío permanente para un creyente, ya que, de todas formas, uno vive ofrendando inadvertidamente su tiempo y su dinero, cada día de su vida, a toda clase de valores y de objetos.

4. La ofrenda como punto de partida. Por último, el gosho de Año Nuevo habla de la ofrenda en el primer día del primer mes del inicio de la estación.
La ofrenda como inicio de todas las cosas que uno emprende. Lejos de abordar algo pensando qué puedo obtener, esto habla de otra posición, que es iniciar las cosas pensando qué puedo dar yo.

La anécdota de Tokusho Doji y Musho Doji, y su reencarnación como el rey Ashoka aparece en varios escritos del Daishonin dónde se expone el principio de la sinceridad de la ofrenda.
(ver “La Persona y la Ley” vol 1, pág 269, también se menciona la profecía sobre el rey Ashoka en “La apertura de los ojos” parte 1, pag 108 vol. 2. también “Respuesta a la dama Onichi.nyo (vol 7) “El tambor en el Portal del Trueno”Vol 5, disetación joben y juryo, juryo 8.

La sinceridad del corazón que ofrenda

La tradición dice que iba Shakyamuni caminando junto con Ananda por las calles de Rajagriha, cuando se cruzaron con dos chiquitos que reconocieron al Buda. Se acercaron sin pensarlo dos veces y, como la verdad es que no tenían nada que darle, hicieron dos tortitas de barro y se la dieron con una reverencia.
Entonces, Shakyamuni le dijo muy serio a Ananda: “Seguramente, Tokusho Doji renacerá como un rey que se llamará Ashoka. Se dice que Musho Doji renació como su hermano o su esposa, según la fuente. El relato aparece en el Aikkuo DEN (Historia del rey Ashoka).
Sensei dice: “El amor que el niño Tokusho Doji sentía por Shakyamuni, su deseo de hacer algo por él, su acción rápida y resuelta, sin vacilar, su conducta llevada a cabo con convicción y alegría, sin lugar para la especulación o el interés egoísta, su pensamiento puro y directo como un rayo... todo esto sacudió y conmovió el corazón de Shakyamuni. También creó, en el corazón del niño, la causa de una inmensa buena fortuna y de espléndidos beneficios futuros.
El budismo le da suma importancia al corazón y al propósito de la gente, Todo queda determinado por nuestro corazón, Si uno se esfuerza seria y sinceramente, sin falta recibirá beneficios. En cambio, si uno actúa con astucia y engaños, con la misma certeza sufrirá y, a la larga , saldrá perdedor. El Budismo es muy estricto en este sentido. Este preciso rigor es lo que asegura que, en última instancia, justamente triunfe la persona seria y sincera.
Tokusho Doji renació como un rey, por el brillo de su corazón, Esforcémonos por tener corazones relucientes como el oro, para ser personas de auténtica y noble estatura humana.
Los genuinos reyes y reinas de la vida son los que no se dejan arrastrar por los fenómenos irresponsables que se embisten contra ellos. Son las personas que, con osadía y sin quejas, sin desesperar ni afligirse, avanzan hacia la victoria final, deseando sólo la felicidad de las personas y orando por cada hombre y por cada mujer, a lo largo de su camino. Estas son las personas que luchan por el kosen rufu.

B. A qué hacemos ofrendas

Pero la ofrenda puede ser muy sincera y, sin embargo, ser un acto que causa sufrimiento en la vida de uno. ¿Cuándo? Cuando se efectúa al objeto de veneración equivocado. No se deben hacer ofrendas a personas que actúan contra la Ley ni recibir ofrendas de ellas, tal como dice el mismo Daishonin y Nikko Shonin (artículo 22 de los "Veintiséis artículos de advertencia").

Si uno da mayores recursos a un perverso que quiere explotar al pueblo, sólo agravará el daño que esta persona está en condiciones de hacer. Y uno participa de la misma retribución "kármica".
Pero, en el lado opuesto, el Daishonin aclara en el gosho que la mayor causa de felicidad y beneficios es ofrendar al Sutra del Loto, que es la enseñanza suprema para toda la humanidad.
En el gosho hay una alusión que puede parecer confusa a primera vista. El Daishonin dice:"El Sutra del. Loto es superior al buda Shakyamuni, en la misma medida en que el cielo es rnás elevado que la Tierra. Dar ofrendas al Buda genera beneficios tan grandes [como el de ser monarca en la próxima existencia], pero muchos mayores beneficios se obtienen por hacer ofrendas al Sutra del Loto".

En este gosho, el Daishonin habla del "buda Shakyamuni" como "buda provisional", opuesto al Buda original. En este contexto, Shakyamuni es el buda histórico que no tuvo la misión de revelar en forma explícita la Ley de Nam‑myoho‑‑renge‑kyo. En cambio, Nam‑myoho‑renge-kyo (Gohonzon o Sutra del Loto) es la Ley por la cual todos los budas provisionales logran la iluminación. En este sentido , es superior a la identidad provisional de cualquier Buda.

Recordemos un término budista llamado "seis clases de Shakyarnuni". Las primeras cinco clases recaen en la persona de Shakyamuni, pero la sexta clase de "Shakyamuni", que es el buda de kuon ganjo inseparable de la Ley Mística, no coincide con la identidad del Shakyamuni. histórico sino que es representada por Nichiren Daishonin, buda verdadero.

Sensei aclara: "La Ley Mística es el origen del cual nacieron el buda Shakyamuni y todos los demás budas. Por eso, los beneficios de hacer ofrendas a la Ley Mística y de trabajar en bien del kosen‑rufu son, realmente, inmensurables".

Los beneficios de hacer ofrendas al Gohonzoni (Sutra del Loto) son mucho mayores que los beneficios de ofrendar en otra época y a otro buda, porque, aquellas enseñanzas no permitían al pueblo manifestar la iluminación en la época de mayor oscuridad y sufrimiento. Es decir, la Ley se la absoluta dignidad de la vida todavía no se había revelado en forma explícita, sitio implícita.

Y en el gosho aparece una mención interesante a la época: "Vivimos en una tierra donde impera el hambre". Habíamos visto, antes, de qué manera la política defensiva frente a la amenaza mongola había quebrantado la economía nacional. Eran tiempos de inflación, escasez, recesión y pobreza. Ofrendar en esa época no era un juego ni una formalidad para cumplir con reglas de virtud, sino un esfuerzo extremo que ponía a prueba la fe y los principios. No se, ofrendaba lo que sobraba, sino lo necesario para vivir. Pero justamente por ello, todos esos creyentes pudieron dar un vuelco enorme en su realidad y vivir como vencedores.

En estos momentos, en la Argentina estamos viviendo una gran recesión económica., con desempleo, retracción en el nivel de vida, reducción del consumo... Aun cuando por razones de fuerza mayor haya una limitación en la capacidad material de ofrenda, esto no debe limitar ni condicionar nuestro corazón y nuestra decisión rotunda de esforzarnos en la ofrenda. Justamente porque es difícil ofrendar, este desafío se torna causa de alegría y victoria.

EJE 2: DOS CLASES DE FE

El Daishonin describe las dos grandes posturas que él veía en las personas que decidían comenzar con la práctica de la fe. Su observación es tan lúcida y profunda, que hasta el día de hoy uno sigue viendo estas mismas características.

Por un lado, está la fe como el fuego, donde sobresale la "pasión", el fervor que genera una gran llamarada en cl primer momento e impresiona por su brillo y energía. Pero estos aspectos tan positivos quedan opacados por la otra naturaleza de la llama, que es su carácter efímero: el fuego se consume enseguida. En un instante, es todo chispas y llamas. En el instante siguiente, se ha consumido a sí mismo. Es decir que aquí el Daishonin habla de una pasión incapaz de perseverar ante la adversidad, o de una decisión intensa, pero poco madura, que depende de las circunstancias o ,de los sentimientos. Esta clase de determinación en la fe es "relativa".

Por otro lado, habla de la fe corno el agua,' que no deslumbra ni hace chispas, pero logra sortear todos los impedimentos y va creciendo en forma gradual.

El Daishonin define la fe como el agua así: "significa creer continuamente, sin retroceder jamás". La naturaleza del agua es la de avanzar en todo momento. El río nunca fluye para atrás; su naturaleza es ir en busca del avance inexorable, por muchas rocas que le pongan por delante. Aquí se habla de cualidades como la perseverancia ante el obstáculo, la continuidad, la asiduidad y el avance perpetuo.

Pero no hay que confundirse pensando que la fe como agua es estática, pasiva o chata. Justamente, cuando el agua se detiene se pudre. Así que "continuidad" no significa sólo "dejar pasar el tiempo" sino "construir algo sin cesar".

El presidente Ikeda, en una orientación, señalaba que, por las características de esta época, la fe debía ser de "agua en ebullición'", de "agua hirviendo", en el sentido de compartir la naturaleza constante y perseverante en el avance, propia del agua, y la pasión que bulle de energía, propia del fuego. Y decía que en la Soka Gakkai la fe de agua tenía ese fervor del movimiento incesante, y esa seriedad incondicional.

En este gosho, el mismo Daishonin dice que él siente inmenso respeto por las personas capaces de cultivar una fe así, que no se rinden ante ninguna dificultad.

Y en la última frase lo alienta con tremendo corazón, diciéndole que ante la enfermedad de sus familiares, no se atormente pensando que es una retribución kármica, sino una prueba para que temple más aún su gran fortaleza de convicción..
Construir una fe de "agua en ebullición" es un tremendo desafío, algo que no se logra de ninguna manera con el simple "permanecer", sino una lucha junto a Sensel que exige una observación rigurosa y un esfuerzo de daimoku incansa­ble. Dado que en el Budismo "no avanzar" es lo mismo que "retroceder", la negligencia, la pasividad o la inercia son condiciones que lentifican el flujo de la fe hasta hacerlo detener por completo. En este sentido, son funciones temi­bles.
La perseverancia, entendida como aspecto del coraje, es una profunda clave de la fe. Dice Sensei que "perseverancia" es sinónimo de kosen‑rufu. Sin la determinación inamovible de "pase lo que pasa", la misión sigue siendo una simple expresión teórica de deseos. Es importante releer con nuestra vida las páginas 187‑188 de "La apertura. de los ojos", para sintonizar la fe vibrante y el sentido de misión del Daishonin. Esas palabras son una guía eterna para cada uno de nosotros. Ese "agua" que encontrarnos en la convicción del Daishonin
arde con la fuerza de un torrente desde el tiempo sin comienzo. !Qué emoción indescriptible tener un maestro así!
En una orientación, Sensei cita al presidente Toda: "Si somos discípulos del Buda, entonces somos budas. [...]
El discípulo de un herrero es herrero. El discípulo de un pescador es pescador. Del mismo modo, los discípulos del Buda son budas. Y las cosas suceden realmente de este modo".
Es un gran desafío y una maravillosa oportunidad tratar de leer el Gosho con la vida, para desentrañar hasta lo más profundo cómo es la fe del Daishonin, y avanzar llenos de coraje hacia misma postura.

IMPORTANCIA DEL PAPEL ESCRITO

Nichiren también enfatiza con frecuencia el papel importante del material escrito, particularmente el Sutra del Loto. Por ejemplo, él dice: "El Sutra del Loto es tanto la enseñanza del Buda como la personificación de la sabiduría del Buda. Si uno pone una fe sincera en cada carácter y en cada pincelada, entonces uno se convierte en Buda en nuestra forma presente" (END, 969). Para refutar el Budismo Zen, el cual rechaza el rol de las escrituras budistas, Nichiren establece: "Si uno descarta los caracteres escritos, ¿qué más podría uno apreciar como el trabajo del Buda?" (Gosho Zenshu, 380). El uso del Daishonin de los caracteres escritos como un medio para inscribir el Gohonzon, refleja su fuerte convicción en el rol del material escrito para comunicar no solo la realidad material de las cosas sino también la realidad espiritual de la humanidad.

Nichiren parece haber entendido cómo una imagen y un texto escrito hablan diferente a nuestra mente. Como podrán observar en el trabajo iconográfico realizado donde se sustituyen los nombres inscritos en el Gohonzon por la imagen que el nombre representa.



Al inscribir el Gohonzon como una imagen expresada en caracteres unifica la especificidad de una imagen gráfica con la universalidad de caracteres escritos para expresar la realidad de la naturaleza de Buda que es única a cada persona y simultáneamente universal a toda la gente. El aspecto subjetivo y sin embargo universal de la naturaleza de Buda es el núcleo de las enseñanzas de Nichiren, la cual promueve nuestro conocimiento del supremo potencial, no sólo en nuestra vida sino también en la vida de los demás.

Algunas de las características físicas del Gohonzon sugieren la consideración minuciosa de Nichiren para hacer que el objeto de devoción se ajustara al mensaje que contiene para todos y cada uno de los practicantes: la realidad personal, aunque universal, de la naturaleza de Buda.