Muchos en el Occidente son perturbados por la devoción mostrada a las estatuas y mándalas utilizados como objetos de culto en El budismo. Esto es percibido como la peor forma de idolatría. La tradición Budista se advierte a si misma que la adoración del Buda en su forma humana no es el Propósito del Budismo.
A principios del Budismo, las imágenes del Árbol Bodhi, la Rueda del Dharma o la Huella del Buda, se representaban como objetos de reverencia. Como un gran ser especial, que había pasado al completo nirvana, el Buda desafiaba la expresión en términos de forma humana. En tanto diversos objetos indicando la presencia del Buda fueron a menudo representados en vez de la forma humana, no había ninguna regla contra la idolatría.
Con el tiempo, bajo la influencia del arte helenístico, representaciones realistas del Buda aparecieron en la región del Gandhara al noroeste de la India, alrededor del comienzo de nuestra era. Una de las razones de la aparición de este tipo de imágenes puede haber sido la necesidad de relacionarse con el Buda como persona, el Budismo Mahayana alienta especialmente la devoción al Buda.
Los discípulos inmediatos del Buda no veían al Buda como un salvador trascendente. Ellos lo vieron como un hombre despierto que mostró el camino a la liberación, que cada persona debe seguir para sí mismo o ella misma. Con los años, sin embargo; el deseo de los discípulos y seguidores laicos, de la presencia real del Buda creció; el mismo Buda había hecho una distinción entre su presencia física, que él llamó la Rupakaya, o la Forma del Cuerpo, y la verdad que sus enseñanzas y vida expresaban, que él llamó el Dharmakaya, o Cuerpo del Dharma. Los Budistas Mahayana, más tarde desarrollaron la enseñanza con el fin de satisfacer su necesidad de un Buda que mantuviera una presencia activa en el mundo. Se mantuvo la distinción entre el Rupakaya y el Dharmakaya, ellos dividieron al Rupakaya: en el Nirmanakaya y el Sambhogakaya.
Al Dharmakaya se le dio un nuevo enfoque como la verdadera naturaleza de la realidad y no sólo el cuerpo de las enseñanzas. El resultado final era el Mahayana enseñanza del Trikaya o Tres Cuerpos del Buda.
El primer cuerpo del Buda es la Nirmanakaya, o " Cuerpo de transformación”. Este es el aspecto histórico del Buda y se refiere al Buda como una persona que nace, se hace iluminado, enseña el Dharma, y luego muere.
El segundo cuerpo es el Buda Sambhogakaya, o " Cuerpo del disfrute”. Este es el aspecto idealizado del Buda. Este cuerpo está adornado con todo tipo de señales especiales y marcas características que simbolizan la naturaleza trascendente del Buda.
El tercer cuerpo del Buda es el Dharmakaya o "Cuerpo del Dharma." Este es el Buda como verdad universal, una personificación de la verdadera naturaleza de la realidad misma. El cuerpo del Dharma, expresa al Dharma Maravilloso en sí mismo, deleitado por el Cuerpo del disfrute y manifestado físicamente por el Cuerpo de transformación.
El cuerpo del Dharma es sin forma y se estima, que se halla más allá de la representación.
El Budismo reconoce, que la devoción mostrada a las representaciones del Buda puede conducir a aumentar la fe y la devoción al Dharma; también enseña, que ello no debe convertirse en apego idolátrico o esclavitud a cualquier objeto físico y/o a las ideas que aquellos representan.
Del mismo modo, el Budismo reconoce que muchas de nuestras necesidades y deseos tienen un lugar legítimo; al llevar una vida productiva, responsable y saludable, pero no hay que sobrevalorarlos o apegarse a aquellas cosas al punto que creen sufrimiento para nosotros y para los demás.
Cuando se trata de idolatría, podríamos decir que el Budismo considera como potencial a la idolatría a todas las cosas; pero también observamos que no son de esta manera las cosas, sino la mente del deseo lo que las convierte en ídolos.
En lugar de rechazar las estatuas o las imágenes o al mundo en sí mismo, el Budismo trata de enseñar a las personas, a observar estas cosas; en la perspectiva apropiada de modo que aquellas no nos esclavicen; sino más bien realcen nuestras vidas y nos conduzcan a la liberación.
Por el Rev. Washo Oyamada, y el Rev. Ryuei McCormic.
Mostrando entradas con la etiqueta Budismo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Budismo. Mostrar todas las entradas
viernes, 29 de junio de 2012
lunes, 18 de junio de 2012
Cuatro nobles verdades
Las ideas reflejadas en las cuatro nobles verdades son parte del budismo. Fueron enunciadas por Siddharta Gautama.Según el budismo las cuatro nobles verdades son:
- Toda existencia es sufrimiento (duḥkha).
- El origen del sufrimiento es el anhelo (o deseo, sed, "tanhā")
- El sufrimiento puede extinguirse, extinguiendo su causa.
- Para extinguir la causa del sufrimiento, debemos seguir el Noble camino óctuple.
"Esta, monjes, es la noble verdad de duḥkha: el nacimiento es dukkha, la vejez es dukkha; la tristeza, el lamento, el dolor, la pena y el desespero son dukkha; la asociación con lo que no se ama es dukkha; la separación de lo que se ama es dukkha; no conseguir lo que se quiere es dukkha. En breve, los cinco agregados del aferramiento son dukkha.
Y esta, monjes, es la noble verdad del origen de dukkha: el aferramiento que provoca el consiguiente devenir y que es acompañado por la pasión y el deleite, probándolo ahora aquí y ahora allí. El aferramiento al placer de los sentidos, el aferramiento a que algo aparezca, el aferramiento a que algo no aparezca.
Y esta, monjes, es la noble verdad del cese de dukkha: la restante disminución y cese del aferramiento, la renuncia, el abandono, la liberación, el dejar ir ese mismo aferramiento.
Y esta, monjes, es la noble verdad del camino de práctica que conduce al cese de dukkha: precisamente este Noble Camino Óctuple: el correcto punto de vista, la correcta resolución, el habla correcta, la acción correcta, el modo de vida correcto, el esfuerzo correcto, la atención correcta, la concentración correcta."A semejanza de la medicina de la época, Buda actúa como un médico pero para la enfermedad del espíritu, donde su enseñanza es aplicada como una medicina. Así, lo que el Buda nos viene a presentar es de hecho algo muy similar a un procedimiento médico donde tenemos:
- La observación del síntoma o signo de la enfermedad.
- El diagnóstico de la enfermedad.
- El pronóstico de las posibilidades de recuperación.
- La prescripción de una receta.
El "síntoma": La insatisfacción
(en pāḷi: Dukkha Ariya Sacca)Toda existencia es insatisfactoria "Esta es, oh monjes, la noble verdad sobre el sufrimiento. El nacimiento es sufrimiento, la vejez es sufrimiento, la enfermedad es sufrimiento, la muerte es sufrimiento, convivir con lo indeseable es sufrimiento, separarse de lo deseable es sufrimiento, no obtener lo que se desea es sufrimiento. Todo conlleva sufrimiento, la existencia y sus partes son sufrimiento."
Todo es sufrimiento, nada es felicidad completa, el sufrimiento está siempre presente. La muerte de uno mismo y de los seres queridos es sufrimiento, así como la enfermedad de nuestros seres amados y la propia es sufrimiento, incluso la convivencia con seres amados conlleva sufrimiento. Dukkha (sufrimiento en lengua pali) se refiere a un sentido más amplio de sufrimiento: dolor, tristeza, pena, imperfección, aflicción, impermanencia, insustancialidad...)
El "diagnóstico": La causa del descontento
(en pāḷi): Dukkha Samudaya Ariya Sacca):El sufrimiento proviene del anhelo-aferramiento y la ignorancia "Esta es, oh monjes, la noble verdad sobre el origen del sufrimiento. La ignorancia, el deseo-apego y los cinco venenos son los que producen nuevos renacimientos, los que inclinan al placer y buscan la satisfacción aquí y allá, desanimándonos al no conseguir lo que queríamos. Es el deseo por la existencia, el deseo por la no existencia."
El sufrimiento surge del deseo o como consecuencia lógica de acciones pasadas "torpes" de elección propia. El motivo para realizar estas acciones, o sea, el origen y porqué del sufrimiento, son las pasiones humanas, expresadas en el budismo con una variedad de fórmulas, como por ejemplo los tres venenos o fuegos: ignorancia, aversión/odio, anhelo/aferramiento. Todo surge de no saber que todas esas acciones llevan al sufrimiento y no conocer la impermanencia e interdependencia de las cosas.
La posible cesación del sufrimiento
La prognosis (en pāḷi: Dukkha Nirodha Ariya Sacca):El sufrimiento puede ser vencido "Esta es, oh monjes, la noble verdad sobre la supresión del sufrimiento. Esta cesación es posible eliminando nuestro deseo, librándose del deseo-apego, abandonarlo para siempre, no dándole acogida en nosotros."
Para terminar con nuestro sufrimiento hay que embarcarse en un estudio para hallar sus causas y comprobarlas por uno mismo, y después, eliminarlas. Hay que suprimir los cinco venenos y realizar acciones virtuosas, creando karma bueno. Esta noble verdad, en más profundidad, es el vacío, la sabiduría de la vacuidad, la realidad última, el corazón del Dharma.
El camino que lleva al cese del sufrimiento: El óctuple sendero
La prescripción (en pāḷi: Dukkha Nirodha Gamini Patipada Ariya Sacca):Óctuple Noble Sendero "Esta es, oh monjes, la noble verdad sobre el camino que conduce a la supresión del sufrimiento, hacia la iluminación, el nirvana, El camino de las ocho ramas, el sendero óctuple por ejemplo:
- Comprensión correcta
- Pensamiento correcto
- Palabra correcta
- Acción correcta
- Ocupación correcta
- Esfuerzo correcto
- Atención correcta
- Concentración correcta
Las cuatro nobles verdades y duḥkha
Tras su despertar, Buda Gautama conoció que la verdad de su experiencia era muy difícil de transmitir a los demás, y durante unas semanas estuvo en tranquila seclusión. Según las escrituras budistas, finalmente pudo ver que existían personas que podrían también alcanzar el Nirvāņa, entonces empezó su actividad como guía para otros.El primer discurso (Sutta) que dio fue a sus antiguos compañeros de meditación, en lo que se conoce como "La puesta en marcha de la rueda del Dharma" (Dhammacakkappavattana). En este primer discurso, Buda Gautama establece las bases para la comprensión de la realidad del sufrimiento y su cese.
Estas bases se conocen como "Las Cuatro Nobles Verdades", las cuales constatan la existencia de lo que en el budismo se llama Duḥkha; una angustia de naturaleza existencial.
- Duḥkha (el descontento) existe.
- La causa de duḥkha es tŗşņā (en sánscrito: el deseo, el querer, el anhelo, la sed).
Los seres samsáricos no comprenden la manera y forma en la que realmente funciona el karma. Por ejemplo cuando se responsabilizan a factores externos por el malestar en la vida, en vez de a acciones y actitudes personales. Otras veces, por estar lamentándonos y culpándonos por nuestras acciones poco hábiles o torpes pasadas, nos causamos aún más duḥkha en el presente. El sentimiento de culpa causa sufrimiento, cuando lo que deberíamos hacer es cortar la raíz de esa culpa en nuestra conciencia ética para entonces cortar la raíz de los sentimientos negativos como la culpa. Esta verdad contiene la explicación del Surgimiento Condicionado.
- Existe un cese de duḥkha.
- Existe un Noble Camino para lograr este cese.
sábado, 2 de junio de 2012
Como funcionan los mantras?
¿Cómo Funciona la Meditación con Mantras?
Los mantras son bastante misteriosos. Se dice que son “símbolos sonoros”, sonidos que, de alguna manera, corresponden y evocan a poderes espirituales que se pueden representar visualmente, como Tara, Avalokiteshvara, etc. Podemos ver, con facilidad, cómo la imagen de una figura en particular llega a tener un valor simbólico pero no es tan fácil explicar racionalmente cómo un sonido hace lo mismo. Quizá sea mejor pensar que los mantras son como algo que oscila entre la poesía y las fórmulas mágicas.
Hay muchos mantras que no tienen ningún sentido real, racional, ni siquiera en sánscrito, de modo que no se pueden traducir como si fueran un enunciado común. El mantra de Tara, por ejemplo, Om tare tuttare ture svaha, es un juego de palabras que reverbera con su nombre, el cual significa “salvadora” o “estrella” o “la que ayuda a atravesar”. Sin embargo, no enuncia nada acerca de Tara, más allá de proporcionarnos algunos sonidos muy evocativos.
Con frecuencia, los mantras contienen sílabas como Om, Ah y Hum (que se pronuncia “hung”, con una H aspirada suavemente). Estos sonidos no tienen un significado literal. Existen diversas “aceptaciones” o interpretaciones de lo que podrían significar estas tres sílabas y se les ha correlacionado (respectivamente) con cuerpo, habla y mente, o bien (otra vez, respectivamente), con el Dharmakâya, el Sambhogakâya y el Nirmânakâya. También tienen correlación con los Budas del mandala, donde Om es la sílaba simiente de Vairocana, el Buda central; Ah corresponde a Amoghasiddhi, el Buda del norte; y Hum a Aksobhya, el Buda del Oriente. Este tipo de asociaciones puede llegar a ser importante conforme nos vamos familiarizando con el budismo.
En los mantras, algunas palabras dan lugar a asociaciones más definidas. “Mani”, en el mantra de Avalokiteshvara (Om mani padme hum), significa “joya” y “padme” quiere decir “loto”. El significado de este mantra suele tomarse como “Saludo a la Joya que hay en el Loto”, aunque su gramática es algo incierta. Yo considero a este mantra como algo más bien poético y simbólico. La joya simboliza la claridad de la sabiduría, mientras que el loto es un símbolo de pureza y de compasión. De tal forma, el mantra de Avalokitesvara reúne sabiduría y compasión. Al recitar el mantra, uno está trayendo a la mente esas cualidades.
Pero tratar de entender los mantras de un modo intelectual quizá sea un poco como analizar un chiste, puedes hacerlo, sí, pero para cuando hayas terminado ya se habrá perdido por completo la finalidad que, en principio, tenía ese chiste. Hay quienes sostienen que los mantras poseen un “significado espiritual” inherente. Es decir, que cuando alguien canta el mantra de Avalokitesvara desarrollará una conexión con la compasión de Avalokitesvara, no importa si desconoce el significado del mantra (si es que lo hay) y aun cuando no sepa nada acerca del Bodhisattva mismo. Otros opinan que uno desarrolla una relación con el mantra conforme lo canta y empieza a aprender más acerca del Bodhisattva. Lo cierto es que es posible recibir los beneficios de un mantra aunque no se sepa nada de él.
Un mantra, como cualquier otro objeto de concentración, pueden ayudar a aquietar la mente. Cuando alguien recita un mantra, ya sea en voz alta o de manera interna, tiende a haber en él menos cháchara mental. Incluso, si al mismo tiempo que se canta el mantra se tiene una corriente paralela de discurso interno, el canto crea un mayor sentido de continuidad que se desarrollará con la práctica. Se dice que la palabra mantra significa “lo que protege a la mente”.
Los mantras son bastante misteriosos. Se dice que son “símbolos sonoros”, sonidos que, de alguna manera, corresponden y evocan a poderes espirituales que se pueden representar visualmente, como Tara, Avalokiteshvara, etc. Podemos ver, con facilidad, cómo la imagen de una figura en particular llega a tener un valor simbólico pero no es tan fácil explicar racionalmente cómo un sonido hace lo mismo. Quizá sea mejor pensar que los mantras son como algo que oscila entre la poesía y las fórmulas mágicas.
Hay muchos mantras que no tienen ningún sentido real, racional, ni siquiera en sánscrito, de modo que no se pueden traducir como si fueran un enunciado común. El mantra de Tara, por ejemplo, Om tare tuttare ture svaha, es un juego de palabras que reverbera con su nombre, el cual significa “salvadora” o “estrella” o “la que ayuda a atravesar”. Sin embargo, no enuncia nada acerca de Tara, más allá de proporcionarnos algunos sonidos muy evocativos.
Con frecuencia, los mantras contienen sílabas como Om, Ah y Hum (que se pronuncia “hung”, con una H aspirada suavemente). Estos sonidos no tienen un significado literal. Existen diversas “aceptaciones” o interpretaciones de lo que podrían significar estas tres sílabas y se les ha correlacionado (respectivamente) con cuerpo, habla y mente, o bien (otra vez, respectivamente), con el Dharmakâya, el Sambhogakâya y el Nirmânakâya. También tienen correlación con los Budas del mandala, donde Om es la sílaba simiente de Vairocana, el Buda central; Ah corresponde a Amoghasiddhi, el Buda del norte; y Hum a Aksobhya, el Buda del Oriente. Este tipo de asociaciones puede llegar a ser importante conforme nos vamos familiarizando con el budismo.
En los mantras, algunas palabras dan lugar a asociaciones más definidas. “Mani”, en el mantra de Avalokiteshvara (Om mani padme hum), significa “joya” y “padme” quiere decir “loto”. El significado de este mantra suele tomarse como “Saludo a la Joya que hay en el Loto”, aunque su gramática es algo incierta. Yo considero a este mantra como algo más bien poético y simbólico. La joya simboliza la claridad de la sabiduría, mientras que el loto es un símbolo de pureza y de compasión. De tal forma, el mantra de Avalokitesvara reúne sabiduría y compasión. Al recitar el mantra, uno está trayendo a la mente esas cualidades.
Pero tratar de entender los mantras de un modo intelectual quizá sea un poco como analizar un chiste, puedes hacerlo, sí, pero para cuando hayas terminado ya se habrá perdido por completo la finalidad que, en principio, tenía ese chiste. Hay quienes sostienen que los mantras poseen un “significado espiritual” inherente. Es decir, que cuando alguien canta el mantra de Avalokitesvara desarrollará una conexión con la compasión de Avalokitesvara, no importa si desconoce el significado del mantra (si es que lo hay) y aun cuando no sepa nada acerca del Bodhisattva mismo. Otros opinan que uno desarrolla una relación con el mantra conforme lo canta y empieza a aprender más acerca del Bodhisattva. Lo cierto es que es posible recibir los beneficios de un mantra aunque no se sepa nada de él.
Un mantra, como cualquier otro objeto de concentración, pueden ayudar a aquietar la mente. Cuando alguien recita un mantra, ya sea en voz alta o de manera interna, tiende a haber en él menos cháchara mental. Incluso, si al mismo tiempo que se canta el mantra se tiene una corriente paralela de discurso interno, el canto crea un mayor sentido de continuidad que se desarrollará con la práctica. Se dice que la palabra mantra significa “lo que protege a la mente”.
Karma
El Karma
A partir de allí, cada vida se desarrolla como resultado de su entorno y de las fuerzas que actúan en él -parientes, amigos, sociedad, cultura dominante, etc. El Budismo, sin embargo, enseña que la vida es eterna y que hemos vivido incontables vidas hasta este momento. Esto implica que no nacemos como hojas en blanco, sino como páginas con incontables impresiones hechas con anterioridad. De acuerdo al Budismo, la vida existe en el cosmos por siempre; algunas veces es manifiesta y otras es latente. Tal como cuando dormimos y después despertamos.
El funcionamiento de las causas y los efectos puede no ser demasiado obvio. La vida con frecuencia parece injusta. ¿Cómo es que un señor inescrupuloso y egoísta se hace rico? ¿Por qué esa agradable mujer de la otra calle tiene cáncer? ¿Por qué la gente nace en tan diferentes circunstancias? Seguramente un niño no tuvo oportunidad de hacer las causas para nacer en la pobreza y el hambre. Solamente podemos explicar esas circunstancias si entendemos que la vida es eterna y que nuestro nacimiento fue determinado por las causas hechas en vidas previas.
La ley de causa y efecto es exacta. Podemos llegar a escapar de las leyes de la sociedad, pero no hay escape de la ley de la causalidad, que está marcada indeleblemente en nuestras vidas. Pero a pesar de que es estricta, no podemos decir que sea injusta.
Evidentemente nos da una explicación lógica para nuestras diferentes circunstancias de nacimiento. Y más aún, es una enseñanza optimista, porque pone en nuestras manos el poder de crear nuestros destinos.
Todo lo que hacemos en esta vida afecta el balance positivo o negativo de nuestro karma. Por ejemplo, si nacimos pobres pero dedicamos la vida a darle a otros cualquier cosa que podamos darles, estamos haciendo causas para cambiar el karma negativo de ser pobres. Por otra parte, si dedicamos la vida a envidiar, u odiar, o a robar a los demás, estamos haciendo causas para aumentar el karma negativo.
Cada pensamiento, palabra y obra es una causa que crea un efecto. A un nivel simple, si vamos a trabajar, nos pagarán, si hacemos ejercicios, estaremos fuertes. Por lo tanto, el budismo enseña que el destino no es arbitrario, ni es impuesto por una fuerza sobrenatural, sino que nosotros lo creamos en cada instante.
Practicar para los demás es hacerles conocer la Ley Mística a nuestros amigos, con el sincero deseo -desde el corazón- de ayudarles a ser felices.
Para entender esto un poco más, es bueno mencionar el concepto de las nueve conciencias: El budismo define nueve conciencias, que ayudan a explicar cómo se almacena el karma. Para no extender demasiado esta explicación, vamos a dejar de lado las primeras siete y concentrarnos en la octava y novena. La octava conciencia es el depósito del karma, es decir, donde se guardan los efectos de todas las causas que generamos hasta este mismo instante, en ésta y en anteriores vidas. Esta conciencia influencia nuestras reacciones en todo momento.
Para el budismo, esos patrones de comportamiento, tanto los nuestros como los de las personas con las cuales nos relacionamos, son efecto de nuestro karma. Y del de ellos también.
La sicología intenta resolver esos patrones de comportamiento a través del entendimiento y tomando conciencia. Sin embargo, un enfoque solamente racional no resuelve el tema en su nivel más profundo, porque la razón por sí misma no puede ir más allá del karma. Entonces, uno se queda atrapado en ese círculo vicioso, respuestas y situaciones que vienen del karma negativo generan más karma negativo.
Para cambiar nuestro karma tenemos que ir más allá de la influencia de esa octava conciencia, hasta la novena conciencia, que es pura y libre del karma. Nichiren Daishonin definió la novena conciencia como myoho renge, la ley universal de la vida. Y la forma de llegar hasta esa conciencia es entonar el Nam Myoho Renge Kyo.
Cuando entonamos Nam myojo rengue kyo, estamos expresando nuestra budeidad. A medida que lo hacemos más y más, tomamos conciencia de las tendencias kármicas que nos restringen y limitan. A medida que nuestra confianza crece, nos sentimos capaces de desafiar esas tendencias y establecer una nueva dirección en nuestras vidas, basados en nuestra siempre emergente budeidad.
El karma no es una cuestión solamente individual. También compartimos el karma con nuestras familias. Asimismo, lo compartimos con nuestras comunidades y la sociedad en general. Ha habido muchos intentos de mejorar la sociedad por medio de revoluciones: la revolución industrial, la revolución de clases, y así. Sin embargo, a menos que tengamos un medio de hacer una revolución en nuestras vidas, no podemos esperar alcanzar una paz y una sociedad constructiva permanentes. Sin que podamos superar nuestra cólera, por ejemplo, ¿cómo podemos esperar detener la guerra?
Al superar nuestro propio karma, por lo tanto, comenzamos una reacción en cadena para cambiar el karma de nuestras familias, de nuestras comunidades y del mundo.
Todos tenemos experiencias o patrones de comportamiento que no conseguimos modificar. Por ejemplo en nuestro trabajo, muchos de nosotros tenemos una persona en particular que nos provoca reacciones, al menos, de malhumor. A pesar de que nos decimos a nosotros mismos que la próxima vez será diferente, eso vuelve a repetirse, una y otra vez. O está el caso de mujeres que fueron maltratadas por sus esposos y que, a pesar de buscar un nuevo marido, se encuentran con que eso vuelve a suceder.
Practicamos para nosotros mismos, principalmente, entonando Nam Myoho Renge Kyo, que significa: me dedico con devoción (NAM) a la ley mística (MYOHO) de causa y efecto (RENGE) por medio de la voz (KYO). El daimoku –así se llama esta práctica- tiene el gran poder de atravesar nuestro "depósito de karma”, de manera de llegar hasta nuestra más profunda conciencia, la esencia de nuestra vida o estado de Budeidad.
La doctrina del karma tiene una gran implicancia: no podemos culpar a nadie más por nuestro sufrimiento. Claro que esto no significa que los demás no cuentan; ellos tendrán la recompensa por sus propias acciones. Lo importante es que nuestro sufrimiento proviene de nuestro interior, no del exterior. A pesar de que esto parece estricto, de hecho es en extremo liberador.
Después de todo, no podemos cambiar a la otra gente. Mejor dicho, la única manera de cambiar a otras personas es cambiar la manera en que nos relacionamos con ellas, cambiándonos primero a nosotros mismos.
Cuando abrimos nuestra naturaleza de Buda a través de entonar Nam Myoho Renge Kyo, reaccionamos diferentemente ante los demás, basados en sabiduría y misericordia, en lugar de hacerlo en cólera o avaricia. Por esto, la gente nos responde de otra manera.
Crear nuestro destino
El budismo de Nichiren Daishonin considera que todas las personas tienen en sí mismas el potencial de cambiar su propio karma, o dicho de otra manera, usted puede crear su destino, sobrepasando la influencia de su karma.
Dijo Nichiren: "El Buda descubrió una ley mística que simultáneamente contiene la causa y el efecto, y la designó Myoho Renge. La ley de Myoho Renge está incluida en todo fenómeno del universo. Por lo tanto, aquellos que practican esta ley, simultáneamente adquieren la causa y el efecto de la Budeidad." (Principales Escritos de Nichiren Daishonin Vol. 7) (La traducción se simplificó para facilitar la comprensión.)
La Budeidad es el más alto de los 10 estados de vida a que podemos aspirar. Lo podemos caracterizar como un estado de máxima sabiduría y misericordia, pleno de felicidad. Todos tenemos el potencial de la Budeidad en nosotros mismos, así que un “buda” no es un ser superior, sino una persona como usted o como yo, que hizo la práctica correcta.
¿Y cuál es la práctica correcta -lo que en budismo denominamos la práctica de la ley? La práctica está compuesta de dos aspectos: la práctica para uno mismo y la práctica para los demás.
Entre el sueño y el despertar, nuestra conciencia queda en un estado sub-conciente. Similarmente, cuando morimos, nuestra vida queda en un estado latente. Y así, la vida de uno continúa eternamente, alternando estados de vida y muerte. La muerte es tan parte de la vida, como el dormir es parte del proceso de vivir.
Sobre esta base, el karma es la acumulación de los efectos de las causas buenas y malas que realizamos a través de nuestras vidas anteriores, de las causas buenas y malas que hicimos en esta vida, y de las que en este preciso instante estamos haciendo.
Nichiren Daishonin declaró: "Si usted quiere entender las causas que existieron en el pasado, mire los resultados que se manifiestan en el presente. Y si usted quiere entender qué resultados se manifestarán en el futuro, mire las causas que existen en el presente." (Los Principales Escritos de Nichiren Daishonin Vol. 2.)
¿Qué es lo que hace que determinadas cosas tiendan a salirte bien y otras a salirte mal? Bueno, esto tiene que ver con el Karma.
Karma es una palabra del sánscrito, que originalmente significaba "acción" y que luego comenzó a utilizarse como sinónimo de destino, generado por nuestras acciones.
Esta cuestión del karma ha sido objeto de gran preocupación por parte de los filósofos, tanto en oriente como en occidente. Una teoría occidental dice que cuando nacemos, nuestras vidas son como una hoja de papel en blanco.
A partir de allí, cada vida se desarrolla como resultado de su entorno y de las fuerzas que actúan en él -parientes, amigos, sociedad, cultura dominante, etc. El Budismo, sin embargo, enseña que la vida es eterna y que hemos vivido incontables vidas hasta este momento. Esto implica que no nacemos como hojas en blanco, sino como páginas con incontables impresiones hechas con anterioridad. De acuerdo al Budismo, la vida existe en el cosmos por siempre; algunas veces es manifiesta y otras es latente. Tal como cuando dormimos y después despertamos.
El funcionamiento de las causas y los efectos puede no ser demasiado obvio. La vida con frecuencia parece injusta. ¿Cómo es que un señor inescrupuloso y egoísta se hace rico? ¿Por qué esa agradable mujer de la otra calle tiene cáncer? ¿Por qué la gente nace en tan diferentes circunstancias? Seguramente un niño no tuvo oportunidad de hacer las causas para nacer en la pobreza y el hambre. Solamente podemos explicar esas circunstancias si entendemos que la vida es eterna y que nuestro nacimiento fue determinado por las causas hechas en vidas previas.
La ley de causa y efecto es exacta. Podemos llegar a escapar de las leyes de la sociedad, pero no hay escape de la ley de la causalidad, que está marcada indeleblemente en nuestras vidas. Pero a pesar de que es estricta, no podemos decir que sea injusta.
Evidentemente nos da una explicación lógica para nuestras diferentes circunstancias de nacimiento. Y más aún, es una enseñanza optimista, porque pone en nuestras manos el poder de crear nuestros destinos.
Todo lo que hacemos en esta vida afecta el balance positivo o negativo de nuestro karma. Por ejemplo, si nacimos pobres pero dedicamos la vida a darle a otros cualquier cosa que podamos darles, estamos haciendo causas para cambiar el karma negativo de ser pobres. Por otra parte, si dedicamos la vida a envidiar, u odiar, o a robar a los demás, estamos haciendo causas para aumentar el karma negativo.
Cada pensamiento, palabra y obra es una causa que crea un efecto. A un nivel simple, si vamos a trabajar, nos pagarán, si hacemos ejercicios, estaremos fuertes. Por lo tanto, el budismo enseña que el destino no es arbitrario, ni es impuesto por una fuerza sobrenatural, sino que nosotros lo creamos en cada instante.
Practicar para los demás es hacerles conocer la Ley Mística a nuestros amigos, con el sincero deseo -desde el corazón- de ayudarles a ser felices.
Para entender esto un poco más, es bueno mencionar el concepto de las nueve conciencias: El budismo define nueve conciencias, que ayudan a explicar cómo se almacena el karma. Para no extender demasiado esta explicación, vamos a dejar de lado las primeras siete y concentrarnos en la octava y novena. La octava conciencia es el depósito del karma, es decir, donde se guardan los efectos de todas las causas que generamos hasta este mismo instante, en ésta y en anteriores vidas. Esta conciencia influencia nuestras reacciones en todo momento.
Para el budismo, esos patrones de comportamiento, tanto los nuestros como los de las personas con las cuales nos relacionamos, son efecto de nuestro karma. Y del de ellos también.
La sicología intenta resolver esos patrones de comportamiento a través del entendimiento y tomando conciencia. Sin embargo, un enfoque solamente racional no resuelve el tema en su nivel más profundo, porque la razón por sí misma no puede ir más allá del karma. Entonces, uno se queda atrapado en ese círculo vicioso, respuestas y situaciones que vienen del karma negativo generan más karma negativo.
Para cambiar nuestro karma tenemos que ir más allá de la influencia de esa octava conciencia, hasta la novena conciencia, que es pura y libre del karma. Nichiren Daishonin definió la novena conciencia como myoho renge, la ley universal de la vida. Y la forma de llegar hasta esa conciencia es entonar el Nam Myoho Renge Kyo.
Cuando entonamos Nam myojo rengue kyo, estamos expresando nuestra budeidad. A medida que lo hacemos más y más, tomamos conciencia de las tendencias kármicas que nos restringen y limitan. A medida que nuestra confianza crece, nos sentimos capaces de desafiar esas tendencias y establecer una nueva dirección en nuestras vidas, basados en nuestra siempre emergente budeidad.
El karma no es una cuestión solamente individual. También compartimos el karma con nuestras familias. Asimismo, lo compartimos con nuestras comunidades y la sociedad en general. Ha habido muchos intentos de mejorar la sociedad por medio de revoluciones: la revolución industrial, la revolución de clases, y así. Sin embargo, a menos que tengamos un medio de hacer una revolución en nuestras vidas, no podemos esperar alcanzar una paz y una sociedad constructiva permanentes. Sin que podamos superar nuestra cólera, por ejemplo, ¿cómo podemos esperar detener la guerra?
Al superar nuestro propio karma, por lo tanto, comenzamos una reacción en cadena para cambiar el karma de nuestras familias, de nuestras comunidades y del mundo.
Todos tenemos experiencias o patrones de comportamiento que no conseguimos modificar. Por ejemplo en nuestro trabajo, muchos de nosotros tenemos una persona en particular que nos provoca reacciones, al menos, de malhumor. A pesar de que nos decimos a nosotros mismos que la próxima vez será diferente, eso vuelve a repetirse, una y otra vez. O está el caso de mujeres que fueron maltratadas por sus esposos y que, a pesar de buscar un nuevo marido, se encuentran con que eso vuelve a suceder.
Practicamos para nosotros mismos, principalmente, entonando Nam Myoho Renge Kyo, que significa: me dedico con devoción (NAM) a la ley mística (MYOHO) de causa y efecto (RENGE) por medio de la voz (KYO). El daimoku –así se llama esta práctica- tiene el gran poder de atravesar nuestro "depósito de karma”, de manera de llegar hasta nuestra más profunda conciencia, la esencia de nuestra vida o estado de Budeidad.
La doctrina del karma tiene una gran implicancia: no podemos culpar a nadie más por nuestro sufrimiento. Claro que esto no significa que los demás no cuentan; ellos tendrán la recompensa por sus propias acciones. Lo importante es que nuestro sufrimiento proviene de nuestro interior, no del exterior. A pesar de que esto parece estricto, de hecho es en extremo liberador.
Después de todo, no podemos cambiar a la otra gente. Mejor dicho, la única manera de cambiar a otras personas es cambiar la manera en que nos relacionamos con ellas, cambiándonos primero a nosotros mismos.
Cuando abrimos nuestra naturaleza de Buda a través de entonar Nam Myoho Renge Kyo, reaccionamos diferentemente ante los demás, basados en sabiduría y misericordia, en lugar de hacerlo en cólera o avaricia. Por esto, la gente nos responde de otra manera.
Crear nuestro destino
El budismo de Nichiren Daishonin considera que todas las personas tienen en sí mismas el potencial de cambiar su propio karma, o dicho de otra manera, usted puede crear su destino, sobrepasando la influencia de su karma.
Dijo Nichiren: "El Buda descubrió una ley mística que simultáneamente contiene la causa y el efecto, y la designó Myoho Renge. La ley de Myoho Renge está incluida en todo fenómeno del universo. Por lo tanto, aquellos que practican esta ley, simultáneamente adquieren la causa y el efecto de la Budeidad." (Principales Escritos de Nichiren Daishonin Vol. 7) (La traducción se simplificó para facilitar la comprensión.)
La Budeidad es el más alto de los 10 estados de vida a que podemos aspirar. Lo podemos caracterizar como un estado de máxima sabiduría y misericordia, pleno de felicidad. Todos tenemos el potencial de la Budeidad en nosotros mismos, así que un “buda” no es un ser superior, sino una persona como usted o como yo, que hizo la práctica correcta.
¿Y cuál es la práctica correcta -lo que en budismo denominamos la práctica de la ley? La práctica está compuesta de dos aspectos: la práctica para uno mismo y la práctica para los demás.
Entre el sueño y el despertar, nuestra conciencia queda en un estado sub-conciente. Similarmente, cuando morimos, nuestra vida queda en un estado latente. Y así, la vida de uno continúa eternamente, alternando estados de vida y muerte. La muerte es tan parte de la vida, como el dormir es parte del proceso de vivir.
Sobre esta base, el karma es la acumulación de los efectos de las causas buenas y malas que realizamos a través de nuestras vidas anteriores, de las causas buenas y malas que hicimos en esta vida, y de las que en este preciso instante estamos haciendo.
Nichiren Daishonin declaró: "Si usted quiere entender las causas que existieron en el pasado, mire los resultados que se manifiestan en el presente. Y si usted quiere entender qué resultados se manifestarán en el futuro, mire las causas que existen en el presente." (Los Principales Escritos de Nichiren Daishonin Vol. 2.)
¿Qué es lo que hace que determinadas cosas tiendan a salirte bien y otras a salirte mal? Bueno, esto tiene que ver con el Karma.
Karma es una palabra del sánscrito, que originalmente significaba "acción" y que luego comenzó a utilizarse como sinónimo de destino, generado por nuestras acciones.
Esta cuestión del karma ha sido objeto de gran preocupación por parte de los filósofos, tanto en oriente como en occidente. Una teoría occidental dice que cuando nacemos, nuestras vidas son como una hoja de papel en blanco.
viernes, 1 de junio de 2012
¿Que es Bodhisattva?
Bodhisattva significa literalmente un ser viviente (satva) que aspira a la iluminación (bodi) y lleva a cabo prácticas altruistas.
El ideal del bodisatva es fundamental en la tradición budista Mahayana y representa a aquel individuo que busca la iluminación tanto para sí mismo como para los demás. La característica más sobresaliente del bodisatva es la compasión y la empatía con la que comparte el sufrimiento de los demás.
Fortaleciendo la compasión
El camino del bodisatva no es una tarea de otro mundo para personas que tienen como dones exclusivos la compasión o la sabiduría. Más bien, son cualidades, las del bodisatva, que se encuentran inherentemente en la vida de los hombres y mujeres comunes; el propósito de la práctica budista es fortalecer estas cualidades, de tal forma que la compasión llegue a ser la base de todas nuestras acciones.
Además de la compasión, el bodisatva está consagrado a ejercer un dominio de sí, a estudiar y aprender y alcanzar la sabiduría. Pero ninguno de estos objetivos se persigue sólo para perfeccionar o adornar al yo. En la base de todos estos esfuerzos, está siempre la determinación de remover los sufrimientos de los demás y reemplazarlos con la alegría.
Práctica para sí mismo y para los demás
Para un Budista, la práctica del bodisatva se cristaliza en el doble aspecto de la "práctica para uno mismo y para los demás", estos dos aspectos de la práctica se refuerzan recíprocamente.
Aun cuando en un principio, mucha gente pueda practicar el budismo con el deseo de obtener su felicidad personal, de sobreponerse a la enfermedad o algún otro reto en apariencia insuperable, a medida que su estado de vida se expande, desarrollan en forma natural una preocupación más profunda por la felicidad de los demás.
Al percibir la interconexión de todos los seres, llevan a cabo acciones compasivas tales como compartir con otros la comprensión del Budismo y así, ellos pueden también extraer los abundantes recursos que yacen dentro de sus vidas.
El ideal del bodisatva es fundamental en la tradición budista Mahayana y representa a aquel individuo que busca la iluminación tanto para sí mismo como para los demás. La característica más sobresaliente del bodisatva es la compasión y la empatía con la que comparte el sufrimiento de los demás.
Fortaleciendo la compasión
El camino del bodisatva no es una tarea de otro mundo para personas que tienen como dones exclusivos la compasión o la sabiduría. Más bien, son cualidades, las del bodisatva, que se encuentran inherentemente en la vida de los hombres y mujeres comunes; el propósito de la práctica budista es fortalecer estas cualidades, de tal forma que la compasión llegue a ser la base de todas nuestras acciones.
Además de la compasión, el bodisatva está consagrado a ejercer un dominio de sí, a estudiar y aprender y alcanzar la sabiduría. Pero ninguno de estos objetivos se persigue sólo para perfeccionar o adornar al yo. En la base de todos estos esfuerzos, está siempre la determinación de remover los sufrimientos de los demás y reemplazarlos con la alegría.
Práctica para sí mismo y para los demás
Para un Budista, la práctica del bodisatva se cristaliza en el doble aspecto de la "práctica para uno mismo y para los demás", estos dos aspectos de la práctica se refuerzan recíprocamente.
Aun cuando en un principio, mucha gente pueda practicar el budismo con el deseo de obtener su felicidad personal, de sobreponerse a la enfermedad o algún otro reto en apariencia insuperable, a medida que su estado de vida se expande, desarrollan en forma natural una preocupación más profunda por la felicidad de los demás.
Al percibir la interconexión de todos los seres, llevan a cabo acciones compasivas tales como compartir con otros la comprensión del Budismo y así, ellos pueden también extraer los abundantes recursos que yacen dentro de sus vidas.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)


